Tal vez,
El problema no fue que
Salimos de lugares rotos,
Sino que nos tocó ver
Cómo se rompían.
Y, aún así,
Ver como, aún rota,
La vida seguía.
Crecer,
Sabiendo que
Empezamos a reír,
Bajo esa sensación
Infantil,
Indestructible,
Que te da
El no saber que es
El fracaso.
Nuestra inocencia solo
Nos dejaba ver lo bueno,
Jugando entre
Sueños rotos ajenos,
Devorando la poca ternura
Que tenían en sus fragmentos
Los que no les quedaba
Más que amarnos.
Mientras nos miraban
Con la tintura ámbar
Que brotaba de sus ojos:
El oxímoron
Del cariño y la derrota.
Sé que, como yo,
Jamás olvidarás
La primera vez
Que te rompiste,
Y te ahogaste a la deriva
De tu llanto y tu sangre;
Ese sabor a hierro fresco,
Tan adictivo
Que llevan, palpitantes,
Las heridas de lo roto.
(Ese palpitar que,
Pese a que sabías
Que no querías vivirlo,
Te llevaba, deprisa,
A entender,
Que nada volvería a
Ser igual)
Eso nos llevó a conocernos,
Así, tan dispares
Como propios,
El masoquismo de
Embonarnos en nuestras
Costuras abiertas,
Y no en ideas concretas,
O en los sentimientos conclusos,
Que nos embriagó
De la sed de huir
(Y no en la de seguir)
Y, entendiendo ésto,
Nos ofrecimos
Como cristales:
Frágiles,
Transparentes.
Pero, al final,
Solo supimos hablar
Con palabras rotas,
De esas que
No se entienden,
Pero hieren,
Que no se distinguen
A contraluz de lo cierto,
Pero reabren las roturas,
E inauguran otras más.
Palabras rotas,
Que solo vienen,
Entienden,
Y saben crear
Cosas rotas...

Walsh
"Desde que soy pequeño, Yo siempre he sido un loco: Soy más dueño, de Lo que sueño, Que de lo que toco."
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