Confieso, con una honestidad que me desarma, que no he sido feliz ni antes ni después de conocerte. Como si mi vida hubiera sido siempre un paisaje en tonos grises, y tu llegada no hubiera traído color, sino la certeza de que el color existe… pero no para mí. Todos mis momentos de felicidad, si alguna vez lo fueron, se han ido desvaneciendo lentamente, como huellas en la arena que el mar borra sin piedad, hasta quedar reducidos a cero, a una nada silenciosa que pesa más que cualquier recuerdo.
Pienso, con una insistencia que me desgasta, quién soy yo sin vos. Pero la pregunta se rompe antes de encontrar respuesta, porque incluso antes de vos, ya era nadie. O al menos así se siente: una existencia sin forma, sin nombre propio, sin eco. Y ahora, con vos presente en mi memoria pero ausente en mi realidad, ese vacío se vuelve más evidente, más cruel. Es como si hubiera conocido, por un instante, lo que significa ser algo… solo para volver a caer en la certeza de no ser nada.
Mi corazón revienta, pero no de amor, ni de esperanza, ni siquiera de tristeza pura. Revienta de vacío. De ese aire invisible que ocupa espacio pero no contiene nada: ni amor, ni felicidad, ni risas, ni esa tibieza que tienen los momentos simples cuando se comparten con alguien. Solo hay silencio adentro, un silencio que grita.
He pensado en matarme, no como un acto de valentía ni de desesperación absoluta, sino como una pregunta más: si mi existencia nunca representó nada, ¿mi ausencia significaría algo? Y la respuesta, tan fría como constante, parece ser no. Ni mi principio tuvo peso, ni mi final lo tendría. Sería simplemente otra forma de nada.
Y sin embargo, lo verdaderamente macabro de todo esto no es el vacío, ni la idea de desaparecer, sino esta forma absurda, casi enfermiza, de apegarme a vos. Me aferro como si en vos estuviera contenido todo lo que me falta, como si fueras la única prueba de que algo en mí todavía puede sentir. Pienso que lo tengo todo cuando pienso en vos, como si tu sola existencia justificara la mía. Pero en el fondo, en ese lugar donde no llegan las mentiras que me cuento, mi corazón sabe la verdad: no somos nada.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión