Incómodo se siente
saber que nunca me quisiste.
No porque no estés,
sino porque te fuiste
como si nada.
Y tu lugar,
en lugar de vacío,
ahora tiene otro nombre,
otra cara.
Y eso es
mucho más raro
de lo que esperaba.
Es raro pensar
que me abriste tus puertas,
tu espacio,
y que a mitad de la huida
yo ya estaba cómoda
en tu casa.
¿Cómo se deja ir algo así?
¿Cómo se hace tan simple
como cambiar de página,
si yo me quedé
leyendo la última línea
una y otra vez?
Supongo que, a medio camino,
encontraste un libro
más interesante.
O tal vez
uno con más vacío.
Uno al que pudiste
terminar de contarle
la historia
a tu gusto.
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