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Padre

Laniesol

Jun 18, 2024

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Padre
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Merendando sola esta semana me encontré observando a un padre y su hija sentados a poca distancia, conversaban fluidamente, se reían y era evidente la complicidad interna que emanaban. Mi papá y yo teníamos esa complicidad que creaba un mundo donde los únicos que hablábamos el mismo idioma éramos nosotros.

Así nos veíamos él y yo, siempre mirándonos y escuchándonos. Asi nos veíamos cuándo me sentaba en la cama al lado suyo y reproducíamos Michael Jackson, él me explicaba todo lo que sabía y yo me quedaba en silencio observando su fascinación por un artista pop que llegó a la vida de un cordobés que sólo hizo la primaria el tiempo justo para que le enseñe a leer y escribir y esa fascinación fue la que desde muy chica me llevó a aprender inglés, asi le podía decir lo que significaban sus letras. Asi nos veíamos cuándo buscábamos cualquier excusa para salir de la casa y seguir aislándonos del mundo y adentrarnos en el nuestro. Asi nos veíamos cuándo íbamos a alquilar películas siempre al mismo lugar y compartíamos el hablar alto, tener humor ácido, reirnos estrepitosamente y terminar alquilando alguna pelicula de Disney, porque no nos cansábamos de verlas asi como no nos cansábamos de discutir que, según él, Ariel de La Sirenita era mejor que Bella de La Bella Durmiente, opinión que hasta el dia de hoy con 23 años, sigo en desacuerdo. Así nos veíamos cuándo íbamos a la misma heladería para pedir lo acostumbrado (cono de chocolate y tramontana para él, crema del cielo para mi) y sentarnos en el banco a jugar de qué marca eran los autos que pasaban. Asi nos veíamos cuándo a veces simplemente agarraba el auto, nos íbamos a dar vueltas, de cd elegíamos escuchar Shakira y charlabamos horas y horas de sus letras para después terminar comprando algo para nosotros dos, que él me diga ''no le cuentes a mamá'' y asi continuar con la colección de miradas que guardaban tantos secretos. Asi nos veíamos cuando llegaba de teatro y me iba a su habitación con la intención de contarle cómo me fue, porque era el único interesado. Asi nos veíamos cuando yo no podía dormir y recurría a él, que elegía ir hasta la cocina, servirse un vaso de leche y decirme ''Bueno negrita hablemos hasta que te de sueño''.

Amor y compañerismo. Amor y el deseo genuino de querer compartir tu soledad, tus gustos, todo lo que conforma quién sos con la otra persona porque sabes que va a converger en la misma pasión que te aflora. El intercambio de dos personas desesperadas por querer compartir en conjunto un momento, por mas breve que sea, para lograr llenarse de la misma felicidad. Si me preguntan, eso es amor, en cualquier vínculo.

Pero hoy ya no nos vemos asi y su recuerdo es igual de punzante que un poema de César Vallejo.

Nuestra rutina murió el dia que él se murió.

Hay temas de Michael Jackson y de Shakira que no pude escuchar más, hay lugares a los que nunca pude volver, personas que dejé de saludar, nunca volví a comer crema del cielo y la felicidad que me daba hacer teatro se disolvió y dio lugar a la angustia porque sabiá que a fin de año la única persona que quería que este sentada en esa butaca ya no estaba.

Mis almuerzos y cenas nunca volvieron a ser extensos como antes, que nos quedábamos charlando de sus anécdotas, de sus aprendizajes, filosofeando de la vida con preguntas como qué esperaba ser cuando sea grande. Su pregunta iba más allá de qué quería estudiar, de qué quería trabajar, yo le decía veterinaria pero hoy lo pienso y lo único que quiero es ser una parte de todo lo que era él como persona.

Los años pasaron y sigo durmiendo mal, peor que antes, pero ya no soy una nena y ya no puedo llamarlo para que me haga compañía hasta que pueda cerrar los ojos y descansar con la seguridad de que teniendo mi cabeza en su pecho ningún monstruo puede dañarme.

Los años pasaron y su tiempo se llevó el sonido de su risa, el olor de su ropa, el recuerdo de cómo caminaba, de cómo se sentía que me mire y la sensación de querer llegar rápido a casa porque él me estaba esperando.

El tiempo se lo llevó y me quitó la posibilidad de poder llamarlo y contarle cómo estoy.

El tiempo nos quitó tiempo.

En el duelo que uno enfrenta cuando pierde un ser querido, el enojo mezclado con frustración en algún momento predomina, y es que cómo no iba a pasar toda mi adolescencia enojada si me otorgaron al padre perfecto y a los 12 años me lo quitaron, sacandome la sensación de estar acompañada en la vida.

Pero el duelo muta, a veces para bien, a veces para mal, a veces con un poco de ambas, pero muta.

Y es dificil seguir porque él murió pero no murió el mundo.

Sólo desapareció el nuestro y es por eso que a él le dedique todas mis lágrimas pero ya no quiero llorarlo porque siento que esa angustia llena de oscuridad a una persona que para mi era como el color amarillo, porque siento que con cada lágrima lo borro aún más.

Quizás el tiempo nos dio más del que debía.

Y si bien es duro transitar el camino de la vida sin tu persona favorita, yo me crié viendo cómo a él le dió golpe tras golpe y no sólo seguía adelante sino que lo hacía con la convicción de un caballero en batalla acompañado de una sonrisa cargada de fuerza.

Y por eso escribo, porque quiero mantenerlo latente en mi presente, porque quiero dejar plasmado en palabras que mi padre fue el mejor padre que me pudo dar la vida y que agradezco más haberlo tenido poco tiempo que no haberlo tenido nunca.

Laniesol

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