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Otro 22 en el mismo buzón.

Nanami

Jan 22, 2026

39
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Creo que estoy viviendo en pausa desde que ubicamos este silencio entre nos. He resignificado la eternidad a causa de la tristeza, el vacío y el dolor, y el núcleo sigue siendo el mismo, el amor que desencadena la encarnación de una falta. Todo lo que anhelo, por fantasioso que pueda sonar, es una eternidad que me permita permanecer a tu lado; así descubrí que mi deseo es sólido: en la eternidad que ha tomado lugar en estos días, esperando que uno acabe rápido porque alcanzar el siguiente significará volver a ti. Sin tener nada claro, sin saber qué tan cerca se mantiene lo que parece una bomba de relojería.

Si fueras consciente de la cantidad de veces que me vi actuando por inercia, yendo en tu búsqueda para comentarte cualquier estupidez, cayendo en cuenta de que la primera rival de esta tarea compleja puedo ser yo misma… Y me he contenido para no violar una regla que me condujo a esta revelación (que no es una sorpresa para nadie, de todos modos). He devorado una historia de la que ya te he hablado en donde los personajes me hacen pensar en nosotros, así las madrugadas no me atrapan tan solitaria. He combatido contra un ataque sincronizado de abejas y avispas alfareras, y aunque pensaba que tengo cara de néctar o la forma de una cómoda flor, es el marco de madera en mi ventana el que me ha mantenido aterrorizada porque las seduce. He intentado leer a Sabahattin Ali porque me obsesioné con Turquía, pero sigo en una nube de distracción que no me deja ser constante; dentro de lo mismo, y como un ritual sagrado, sí le doy un vistazo a las flores silvestres de Emily Dickinson como si pudiera arrancar una de estas hojas en tu forma y me aferrara a su gentileza en el sueño (ah, y he dormido muy-muy poco). También he comido sandía como si no hubiera mañana, picándolas en cubitos y arruinándolas un poco con harina tostada. He sido llevada a la fuerza a ver una película de la que me hubiese gustado hablarte aunque tenga claro que no figura entre tus preferencias, y peor, algo de rencor le tomé porque apartó la idea que conservaba en el fondo de partir el año con Hiroshima Mon Amour… Ajeno a esto, te busco en pequeñeces. Me pillo imaginando tu actividad, lamentando permanentemente tu cansancio, preguntándome si has comido y descansado de manera prudente; si has estado tranquilo, si has tenido huecos para distraerte. Si me has extrañado.

Si el objetivo hubiese sido un reencuentro conmigo, me supe perdida desde la primera hora establecida: no me voy a hallar si no es contigo a la par. Me quedo a medio reflejo, me siento incompleta, no me alcanza con estar. Te he extrañado tanto que te veo en todas partes, y el azar travieso me ha puesto en la nariz múltiples escenarios que me saben a brisa romántica. Como vivo diciendo, estás en todo lo que me alcanza de alguna manera. Nunca tuve tanta sed de un retorno a soltar, soltar y soltar cuánto amo, cuánto siento y cuán soñadora me puedo poner con ello. Que en la medida más dramática y teatral, mi vida pierde su sentido y no tiene sabor alguno seguir con el cuerpo caliente. Y en la medida más desesperada para ilustrarlo, honesta y genuina, sigo habitando entre estos huesos porque tú existes también. He recapitulado cada minuto contigo, aquellos exquisitos y mágicos, algunos más amargos, y a día de hoy sostengo la idea de que no cambiaría nada. Nada de nada. O para ser más justa, sí manosearía un poco estos últimos meses, pero en una inofensiva manera que simplemente nos ofrezca la tranquilidad que nos ha faltado. Amor, no sé cómo te calará esta aparición y me deja temblorosa que para ti haya sido diferente la distancia. Quieras o no, es otro 22 que sigue siendo tan nuestro como el primero. No me interesa la incertidumbre que he cargado ni la forma en que se han pronunciado mis certezas a raíz de una estrategia que nos habría llegado a parecer muy lejana en algún momento. Hice una alianza con una expectativa que resignificara nuestros tiempos. Y a propósito de tiempos, removeré-más-tiempo que el que marca nuestro número angelical, pero señalaré lo que han sido once meses de un amor desbordante, incesante, tierno e incluso espeluznante: no esperaría otra cosa que horrorizar a los mortales con la magnitud que alcanza este insecto cuando se trata de vivirte. No te estoy poniendo una daga en el cuello para que me respondas al instante, esta es una carta que de haber sido enviada en papel, pudo llegar en cualquier momento y la pudiste abrir en cualquier sitio. Es, vamos a decir, una confesión de este amor que ya conoces. No espero otra cosa que sepas que te amo irremediablemente y que no he dejado de pensarte ni por un pequeñísimo segundo, y que a su vez, mis buenos deseos sobre ti son perpetuos: cerca del otro o no, sólo pido paz en tu cabeza y corazón. Llevo esta fecha en mis costillas, en mis huellas, en toda mi sangre. Me derramo de un amor que no he tenido la chance de dibujar o cosechar, pero sé que queda una estela de este por cada camino que monto. Que lo proyecto como un aroma dulce y jugoso, que se me puede oler abatida y ansiosa.

Estas letras van perfumadas con la insistencia mi mayor y único sueño.

Nanami

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