Otra vez
Aug 10, 2026
-¿Me acompañás a comprar?
-Estoy cansado.
-Me lo debés.
-¿Te debo? ¿Por qué?
-Dale, chabón.
Ese día hacía frío, mucho. Hace aproximadamente dos meses que no se veían dos días soleados de corrido. Él insistía en que, cuando el Indio Solari falleció, se llevó el sol con él, una forma poética de transitar el duelo más largo que había vivido hasta ese momento. Ella lo empujó a salir de la casa. Él no quería, pero ante la insistencia aceptó a regañadientes.
Algo dentro suyo lo incomodaba, lo invadía una sensación de tristeza, y llevaba días haciendo las cosas sin ganas ni ánimos. Tal vez la imagen reciente de su padre pidiéndole ayuda para subir al andamio, observarlo caminar más lento, encorvado, ido, le cayó demasiado de golpe. Entendió de pronto que su padre no era eterno y que, además de encontrarse mal de salud, se estaba volviendo viejo "a espaldas" suya.
Le pesaba profundamente tener que salir de su zona de confort y sabía que "ella" pretendía que él la acompañase para poder hablar. También sabía que no había forma de que ella entendiese lo que por su cabeza y su corazón pasaba en esos momentos. Y al salir a la calle, ni los rayos de sol atravesando los árboles, reflejando su luz en los charcos de agua lograron mejorar su estado de ánimo.
-Che... ¿Qué es lo que te está pasando?
-Estoy cansado. Mucho laburo.
-Yo también estoy cansada... Ayer me ignoraste toda la noche.
-No me siento bien, ando con un par de mambos.
-Yo también tengo mambos.
-Yo suelo preguntarte cómo te sentís, me doy cuenta cuando te pasa algo o te sentís mal. Tu respuesta siempre es "no me pasa nada" o "son muchas cosas". Entonces, cuando yo te digo que tengo mambos o estoy cansado, no podés responderme que vos estás igual. Cuando tuviste tu chance de quejarte y que yo te escuche, la desaprovechaste.
-Bueno, perdón. Es que no entiendo. Vengo a verte, te busco, te escribo y me ignorás.
-¿No pensaste que tal vez no quiero verte? Y no es con vos, no quiero ver a nadie.
-Está bien. Y entonces, ¿cómo quedamos?
-Mirá. El otro día te pusiste re intensa en la mesa. Yo entiendo que vos seas re espiritual y el mambo de las energías, pero cuando hablamos en joda de macumba te ponés re en pendeja de mierda. No podés imponerle tus ideas a los demás. Te lo dije en frente de los pibes y te lo repito ahora: yo no sé para dónde va esto, pero si tu intención es tenerme en tu vida a través del tiempo, curtite. Tengo un hermano y mi viejo metidos en eso. Yo no creo en nada, ni en la religión de ellos ni en la tuya, pero los respeto.
-Mirá todo lo que tenías guardado. ¿Algo más?
Él la miró con bronca, una bronca sin fundamento. Ella no pudo notarlo; ambos caminaban sin mirarse a la cara.
-Sí. No te lo tomes personal, no estoy bien. Siempre paso por alto esas cosas de vos. Entiendo que sos joven, yo también defendía mis ideas cuando tenía veintidós años, pero tenés que aprender a convivir.
-Pero yo jodo, no te tomes tan en serio todo lo que digo o hago. Te extraño, no nos vemos nunca. ¿No podemos pasar un rato lindo cuando nos vemos?
-Mel, no estás entendiendo. Yo no elijo verte, y yo estoy viviendo ahí, pero no soy yo el que te invita. Vos vas a ver a tu ahijada, a tus amigos. Cuando yo quiera verte, te voy a escribir, te lo voy a proponer y, si vos también querés y podés, te prometo que voy a darte la mejor versión de mí.
-¿Y eso cuándo va a ser? Si yo no te propongo, vos no activás. Te tengo que ir a buscar, y tirarme encima tuyo prácticamente.
-No quiero más eso. No quiero que te tires más encima mío. No quiero que me saludes con un beso en frente de todos. No quiero que me trates más como si fuéramos novios. Vos vivís con tu ex, y el chabón me cae piola, y los chistes del estilo "pata de lana" ya no me hacen gracia.
-Yo no escuché nunca esos chistes de los que hablás.
-Porque elegís no escucharlos. No soy boludo. Detrás de cada cosa que me planteás en chiste, hay una verdad que elegís imponerme "con carpa". Ya vamos a tener espacio para ser más íntimos.
-Me parece que ya no. Estoy un poco cansada.
Él sintió alivio. La situación se transformó para el en una mochila pesadísima. Y esperaba que las próximas palabras que escuchase lo liberaran de una vez de ese peso.
-Y bueno. Es todo lo que tengo para ofrecer ahora mismo.
-¿A las demás les decís lo mismo?
-Las demás no pretenden adueñarse de mí, de mi tiempo, ni pretenden ser parte de mi vida.
-¿Sabés qué? Al final sos un forro. ¿Por qué mejor no solucionás tus cosas y después volvemos a hablar?
Ella parecía no rendirse. Negociaba consigo misma, intentaba mediar, conciliar sus sentimientos. Estaba enojada, pero no se iba a rendir tan fácilmente. Quería amenazarlo con cerrar la puerta definitivamente, pero, a fin de cuentas, se podía notar la intención de dejar todo en pausa. Y él lo notó.
-Dale. Hagamos eso. Igual me parece que la que tiene más cosas que resolver sos vos. Yo sé lo que quiero y para dónde voy. Te quiero, me gustás y disfruto tu compañía.
-¿Pero?
-Pero no siento querer estar en nada serio. Podemos coger todas las veces que quieras, fumar porro y salir a joder. Pero voy a ser sincero. Siento que vos pretendés avanzar con la idea de que, en algún momento, dejemos de ser "vos y yo" para que seamos "nosotros". Y eso no va a pasar, perdón.
-Te juro que me arrepiento de haberte cogido y haberte dado tanta atención. No te quiero ver más.
Se podía percibir cómo se rompía. No pronunciaba las palabras, las disparaba, y su cara se vió transformada por la hostilidad.
-No quiero que esto termine mal. Nos vamos a tener que seguir viendo la cara, esto ya lo habíamos hablado.
-Me importa un culo lo que hayamos hablado. Se acabó. Esto fue un error. La boluda soy yo.
Él sintió alivio y, al rato, culpa. Mucha culpa. El vértigo y la adrenalina que tan agradables se sentían al principio se transformaron en arrepentimiento y resignación. Sacó algunas conclusiones rápidas, y se quedó pensando.
Prendió un cigarrillo y se alejó de ella con intención de que siguiera su camino sin él, con la sospecha incómoda de que esto podría no haberse terminado.
Recordo la muerte de su idolo, recordo a su padre caminando lento, encorvado e ido. Al volver a la casa se acosto. Se volvio a nublar. Finalmente, se largo a llover, otra vez.
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