La amnesia se había apoderado de mí ser.
Por un momento me vi, a través de un espejo: sola.
Totalmente desprotegida de todo sentimiento.
El recordarte me era ajeno.
En la noche te esfumaste de mis aventuras,
tal como al principio de mí vida volví a vivir.
Pero mentiría si te digo que tu sombra no estuvo asechando.
Te imagine entrando por mí puerta, charlamos como viejos amigos, pero tu rostro se veía lejano, mí corazón no latía emocionado.
Me obligue a cambiar la narrativa y con una naturalidad escalofriante tome el lápiz y reescribí la historia.
Te convertí en un villano barato, mejor dicho, en un hombre promedio, Fingí ser sensata ante tu presencia y rechacé tus pedidos indecorosos.
Ayer, durante la noche te encontré en una conversación trivial.
- Me gustaría tener un...- dije a medias, mis palabras se tuvieron con terror.
¿Acaso estaba olvidando nuestra historia?
Enterré el tesoro tan profundo que me olvidé donde lo hice.
- Un ficus, eso me gustaría tener
Seguí la conversación con total normalidad, después de todo no podía seguir aferrada a un fantasma.
Aún así mí mente comenzó a escarbar entre rincones,
y ahí me di cuenta: no tenía donde volver.
Te había eliminado de mí vida.
Y aunque tu rostro se refleje en mis ventanas,
Aunque tu ser se oculte entre poemas antíguos,
Aunque acompañes mis pasos en silencio,
No tengo donde volver.
Te eliminé.
¿Por qué no te vas con todo lo demás?
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