Tus pasos resuenan por toda la habitación,
y unos ojos oscuros te observan
como quien juró no volver a sentir,
como quien aprendió a esconder el corazón
detrás de una sonrisa cansada.
Pero el tiempo, cruel y caprichoso,
te puso el amor enfrente
cuando menos querías encontrarlo.
Te observo en silencio,
buscando entre tus gestos
si eres refugio para mis dudas
o una herida más disfrazada de destino.
Fluyes entre la multitud
como alguien que desea brillar,
pero tu sonrisa se encuentra rota,
partida quizás por un amor,
o por el eco de un desamor
que aún no termina de marcharse.
Tu corazón está cansado,
y puedo verlo sin que digas una palabra.
Tus ojos ligeramente rojos,
las ojeras que adornan tu madrugada,
me cuentan historias
que tus labios todavía no se atreven a pronunciar.
Y aun así
hay algo en ti que me invita a quedarme,
como si entre todas tus ruinas
todavía habitara un pequeño deseo de ser amado.
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