Realmente planeaba hacer un escrito para tí en una ocasión un poco más...Bonita, no obstante las cosas suceden cuando más se necesitan.
Habría estado pensando al respecto sobre esto un largo tiempo, lidiando con lo que creo sentir y con lo que realmente siento.
Tristeza, amargura y resignación eran los vinos de mí copa, de la cual me habría estado embriagando, con un hurácan de pensamientos invadiendome todas las noches antes finalmente conciliar con Morfeo.
Creo firmemente que cada quién es libre de hacer lo que quiera con su accionar, cómo tender su mano, si recibir y dar el mismo abrazo, o si rechazar toda luz que se le es dada.
Más sé que soy alguién egoísta, pues no me es sencillo aceptar que no se me requiera, que mí luz sea rechazada aún cuándo a quién acudo se esté pudriendo en obscuridad.
Y por lo mismo me disculpo, tantas veces me lo has dicho...y yo aún así no te hice caso, qué necio soy verdad? Haha.
Más realmente puedes culparme? en verdad? Pues es mí naturaleza, y siempre será así.
El Sol siempre brilla, incluso para tí...Y a tí más que nadie.
Oh, querida Flor; por qué no mirás al Sol? Si él solo quiere solo lo mejor para tí. Por qué le das la espalda al Sol? Por qué menosprecias su Luz? Por qué? Dime, por favor.
Insistes en resguardarte en la sombra de Luna, donde nadie pueda verte; enfriándote con su gelidez, mientras das lo último de tu preciosa luz a tus amados retoños...
Pero que insesatez la tuya, Oh querida Flor de la Luna...Mueves tantas mareas pero ni así consideras tu importancia en nuestra órbita.
¿Qué seríamos sin tu ayuda, sin tu fría y la vez cálida luz?
Eres un astro maravilloso, como una Madre magnífica; ojalá poder gozar de tu incadescencia.
A mí me has brindado luz, y ahora luz yo porto. Ahora soy un Sol, he encontrado al Sol y siempre veré al Sol.
Entonces por favor déjame retribuirte con un poco de la luz con la que tú alguna vez encendiste mí llama. Déjame iluminarte, que aún sigas brillando en la noche aunque sea a través del manto de la Luna...Que no te apagues nunca, para así verte siempre y por siempre, aunque alguno de los dos inevitablemente perezca.
Oh, querida Flor; por qué no mirás al Sol?
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