Y volví... otra vez. La primera vez siempre es especial. Nos hace sentir todopoderosos y omnipresentes, siempre hay espacio para una primera vez en la biblioteca de recuerdos, quizás la única verdadera prueba del poder de la "verdadera primera vez", ya que es la que perdura frente a las copias que vendrán.
Igualmente, lo que decimos entre tanto pensamiento intrusivo es que: es casi tan mentirosa como la última vez, ambas se agarran de la mano y corrompen el alma en el más dulce de los ménage à trois que la vida pueda ponernos en el camino. Una y otra y otra vez... volviéndonos una especie de adicto ninfómano al estar entre dos placeres gemelos creyendo ser el trofeo de una competencia, cuando en verdad somos la competencia misma, la competencia que el tiempo desgasta y explota. Entre el inicio remixado de una dependencia y el falso final expectante de la misma.
Allí en el medio, nosotros y todo el caos del día a día. Con nuestros mambos, falencias, aciertos y errores.
En el medio, la carne, el humano, los dolores y preocupaciones.
En el medio... dormimos. Y al abrir los ojos tenemos noción de lo que pasó, pero deseamos que suceda otra vez. Porque no hay viaje, solo placer, y en nuestras células el viaje es ese placer. Para ese punto quizás ya seamos adictos... a algo. A una sustancia, a un objeto, a una persona...
Solo nos queda el engaño de decir: esta será la última vez que algo tan nocivo me infecte el alma. Porque el placer es momentáneo y efímero, somos conscientes. Pero esa surreal anestesia mentirosa nos encanta al punto de excitarnos cada átomo... y eso... es peligroso. Nos hace volver después de un rato de ser decentes, morales y buenos samaritanos. Y las miradas despectivas vuelven... junto a la paranoia, las deudas, las frustraciones y falsas esperanzas de paz entre el caos diario...
Es que nadie te enseña que vivir es caótico, y ahí está su magia... entonces al menor indicio de descontrol, nos aferramos a los falsos dioses terrenales que apaciguan nuestros pecados. Cuando en verdad deberíamos afrontar que somos demonios armados con filosos pecados que pueden convivir y hasta vivir del mismo caos... hacerle el amor y por la mañana tener el atrevimiento de dominarlo. De mostrarle que nada nos corrompe más que nosotros mismos... somos nuestro propio dios, rey y plebeyo... y solo necesitamos aceptarnos para vivir... en paz...

juan khan
Escritor random, aleatorio, al azar. A veces correcto, a veces bien loco. Con errores de ortografia quizas, mas detallista en otros momentos. Raro, exotico y surreal lunfardista.
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