Creo que este será nuestro último encuentro.
Mi última mirada con amor a esos ojos,
mi último abrazo,
un último beso.
No preguntes por qué,
cuando ya sabés la respuesta:
usted miente,
usted oculta,
y lastima.
Parece ser un don,
el de quebrantar corazones buenos,
corazones bondadosos.
Quisiera no tener que alejarme de vos.
Quisiera que pudiéramos viajar en mi camioneta hasta la playa,
que yo manejara
y vos me cebaras unos mates.
Quisiera que recorriéramos museos y galerías,
que tomáramos el tren rumbo a Tigre
y durmiéramos en las cabañas.
Quisiera que vinieras a mi pileta una tarde de verano,
que bebiéramos unas cervezas en el porche del jardín.
Quisiera que te sintieras como en casa.
Quisiera que nada de esto hubiese pasado.
Porque si no pasaba,
yo estaría bien,
y no llorando,
pensando en los “quisieras”.
Aun así, tu llegada me enseñó muchas cosas.
Me impulsaste a crear.
Pero qué lindo hubiese sido conocerte
con el corazón limpio,
con un sentimiento real,
conocerte sin ese don de lastimar.
No sé si agradecer,
porque ya no sé qué fue real.
O quizás estoy dentro de una pesadilla
que parece eterna.
Pero creo —y espero— ya poder despertar.
Por eso, con amor,
porque lograste que te amara,
porque lograste que abriera mi corazón,
me despido con cariño,
en este último encuentro.
Y agradezco tanto a la vida
que yo sí soy amor,
y que jamás me rebajaré a tu nivel
para quebrantar tu corazón
ni hacerte sentir el dolor que yo viví.
Entonces,
en silencio,
un último beso.
Y adiós.
Buenos Aires, 2025.
Joe
Hay historias que siembran emociones; son semillas de palabras que florecen en mi alma. Estos escritos son la cosecha de mi corazón.
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