Muchos nudos como para deshacerlos,
por algo que puede no valer la pena.
Si ya lo intentamos y nos enredamos,
mejor tomar cada extremo y cortarlos.
Aunque ruegue de rodillas, rece y pida,
tu carne y la mía ya no pueden ser.
Ni hablándolo en tono de especialistas,
no hay quien repare el hueco entre las palmas.
Una maraña de hilos sin coser
en el telar cansado de la historia.
La vida misma se cansó de tejer,
de vernos caer y caer.
Si incluso yo te propusiera
escapar de todo,
lo más lejos que se pudiera,
ninguno de los dos va a querer.
Y el adiós nunca nos fue suficiente,
ni el encuentro complaciente;
siempre algo nos deja vencer,
y estamos condenados a recaer.
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