A la orilla de mi cama desperté
con un gélido estremecer que me zumbó el cuerpo.
Era armónico a una alarma de reloj,
me pareció escuchar su voz por el altavoz y recordé, entre tantas cosas,
que mi nostálgica impresión de él
se basó en una ternura rezongada de juventud. Había heredado aquella tez
bronceada, luminosa frente los rayos del sol, los oscuros ojos,
húmedos y el pelo negro, nostalgicos y parentezcos a una soledad propia del ermitaño.
¿Me creerían si cuento
lo mucho que su labia me atraviesa al corazón?
Consigue disolverme en miles de moléculas,
cuando consigo hablarle,
mis memorias me traen
a la primera vez que me acompañó
al vagón subterráneo de mi país. Pero yo sé que podría enamorarme
hasta batir mi quietud en mil pedazos,
en montones de incidencias,
solo por tener algo que decirle. ¿Me creerías si te digo
que tienes el alma de un nómada?
Jamás estás quieto, ni en tu propia mente lo estás.
Esa hiperatividad tan fogosa me atrapa.
Descanso sobre la funda de seda
que envuelve mi almohada, esperando que algún día seas tú.

mael
love, fleeting or fractured, leaves traces. like footprints in snow, they fade but never vanish.
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