noel
Jul 27, 2026
conocí a noel en una quietud muy parecida a la de este mar. cómo aquellas tardes en las que el viento trae algo que no sé nombrar, y basta ese roce en la cara para volver a encontrarla. entonces su voz se confunde con las olas, y su rostro, tan claro en mi memoria, aparece con la misma naturalidad con la que el sol vuelve a tocar el agua antes de esconderse. y yo nunca he sentido que el amor me haya vuelto ciego, para nada. por si acaso, más bien hizo exactamente lo contrario porque antes de ella el mundo estaba ahí, pero pasaba frente a mis ojos sin detenerse (y sin importarme, al final). y después, todo comenzó a quedarse un poco más, por la manera en que el viento levantaba su pelo y como sus ojitos negros cuando me miraban sin decir nada o escuchandome hablar de cualquier cosa porque ella ha sido así. la manera en que sus labios rosados sonreían cuando quería hablarme o se apretaban porque ella se sentía muy molesta y solo podía refunfuñar, también pienso en sus pestañas haciéndome cosquillas mientras la llenaba de besos hasta que los dos terminábamos riéndonos por cualquier cosa que nos hiciera gracia, solo a nosotros, recuerdo bien el espacio en su cama para yo meterme con ella y como se quejaba del frío porque ella y yo teníamos climas diferentes, y son minimeces, banalidades. pero son cosas que aprecio.
y es extraño. porque las cosas siguieron siendo las mismas, el polvo seguía cayendo sobre los muebles. los días malos seguían llegando. el tiempo no dejó de hacer lo suyo. solo que ella siempre estaba ahí, y de algún modo hasta las dificultades tenían otra luz. como cuando el mar se llena de nubes y, aun así, uno no deja de pensar que sigue siendo hermoso y no sé explicar en qué momento mi corazón dejó de pertenecerme, aunque quizá nunca hubo un momento. y quizá fue ocurriendo despacio, como sube la marea sin que uno se dé cuenta hasta que el agua ya le toca los pies, pero solo sé que cuando pienso en un lugar donde descansar, mi memoria termina siempre en ella. y aunque el tiempo nos cambie la voz, el rostro o las manos; aunque los años pasen como pasan las estaciones sobre la arena, hay una certeza que permanece inmóvil dentro de mí. mi corazón sigue caminando hacia noel con la misma tranquilidad con la que el mar vuelve una y otra vez a besar la orilla.
así ha sido desde que la conocí, y así lo seguirá siendo.
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