La luna brillante, la silenciosa ciudad;
ambiente perfecto para corazones sin consolar.
Hoy el mío se ha posado frente a aquel satélite natural,
suplicando su escucha, que lo pueda perdonar.
Corazón mío,
cántale tu sufrir,
dile que la amas,
no la dejes ir...
Pues no hay mañanas tristes que escuchen mi aflicción,
no hay sol feliz que tenga tiempo para mi desolación.
Luna, déjame suplicarte...
Que me ha costado poder acercarme,
y no soportaría tener que alejarme.
Desmarchita los pétalos de mi alma,
ahogándome en tus lágrimas.
No quiero que te vuelvas a ocultar;
dime la verdad...
¿Aún me puedes amar?
Perdona mi impulsividad,
mis mediocres demostraciones de cariño.
No hay otra luz más;
eres la linterna de este niño.
En la parte oscura de tu rocosidad,
oculta mis fantasmas, no los quiero mirar...
Con tu cuerpo protege mi humanidad,
pues sin ti soy frágil,
no funciono si no estás.
Pero, más que cuidarme, déjame encontrar
esa piedra frágil que se camufla en tu serenidad.
Quiero ese atisbo de tristeza
escondido en tu soñar.
Luna,
ya no quiero llorar,
no quiero que sufras más...
Quiero cerrar tus grietas,
que no me dejes de alumbrar.
Luna, escucha mis lamentos;
siente lo que siento.
No quiero que el amanecer
ya no pueda verte de nuevo.
Juan Penagos
Escribir es mi hobby, me parece una manera increíble de expresarse. Espero poder conectar con la gente que me lea.
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