Dolía estar rodeada de personas sonriendo mientras te mirabas al espejo y notabas que ni siquiera quedaba el brillo en tus ojos; dolía ver a todos seguir con sus vidas a pesar de sus dificultades, mientras vos te quedabas ahí, estancada, recordando vivamente cada momento que te hacía más pesado el corazón. Dolía que no te escucharan cuando todo tu ser gritaba que no estabas bien; preguntaban, sí, pero al primer “estoy bien”, no insistían. Dolía verlos con sus familias y amigos, mientras en mi casa —en la que ahora vivimos solo mis pensamientos y yo— la soledad era quien me acompañaba.
A veces me pregunto, incluso yo misma, por qué no puedo levantarme y cambiar el rumbo de mi vida. No es que no sepa qué hacer, pero por alguna razón no puedo dar ese primer paso. Tal vez una parte de mí no lo desea, o estoy esperando algo que me impulse a decir con firmeza que lo haré. Hay tantas razones para no hacerlo, y solo una simple para sí hacerlo: quererlo de verdad. Si no lo querés realmente, nunca vas a hacer nada, y vas a pasar tu vida observando y sintiendo el dolor de ver a otros avanzar, mientras vos seguís ahí, quieta, pensando solamente en lo que podría ser.
Podés hacerlo, no es que no puedas. Solo tenés que creer en vos y dejar atrás lo que pesa para poder seguir. Duele vivir, duele todo. Y como este escrito empezó siendo un desahogo, terminó siendo una reflexión: la vida te lleva por caminos distintos a los que imaginás al principio. Nunca sabrás si algo puede ser diferente si no empezás. Somos como el camarón en la corriente: solo no te duermas.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión