no quiero dinero, solo alguien que quiera mi compañía.
Jun 17, 2026
Desde muy niña estuve involucrada en relaciones mentalmente abusivas con personas tóxicas, controladoras y manipuladoras que afectaron la forma en que reconozco el amor. No soy capaz de relacionarme si no es desde el apego o el drama; no sé habitar la calma que debería traer consigo una pareja romántica y no puedo evitar sentir culpabilidad por haber amado a una edad tan temprana. Sé que muchos lo denominan “saltar etapas”, pero yo creo que va más allá de haber querido madurar pronto.
Logré identificar que el patrón siempre se repetía. Todo iniciaba siendo color de rosas: la etapa de la conquista y el amor inefable. Después empezaban los altercados que hacían que lo construido se marchitara.
¿Qué hacía un adolescente pidiéndole a su novia que dejara de salir con sus amigos por inseguridad? ¿Cuál era la razón de las manipulaciones y los golpes, aún después de los perdones tras las infidelidades? ¿No es eso de lo más protervo que alguien puede cometer? Y la pregunta más importante: ¿por qué permití que un hombre arremetiera con toda acerbidad contra mí?
La conclusión a la que llegué fue que solía vivir en una soledad absoluta, una que me convirtió en una persona vacía. No me amaba a mí misma, no los amaba a ellos; amaba la idea de que alguien me hiciera sentir diferente a como ya me venía sintiendo. Una pareja solo me hacía evadir el pensamiento y enfocarme en algo distinto de mí, porque cuanto más procuraba mi bienestar, más me alejaba de él. Tenía la seguridad de que, en cada pensamiento negativo, alguien más estaría allí para darme una validación superficial. Mientras más dependía de esa validación externa, más exiguo se volvía el concepto que tenía de mí misma.
Y aunque me es doloroso recordar ese pasado porque hablar de eso se convierte en lo más vesánico viniendo de una persona que aún es joven. Me atormenta haber permitido que un hombre me maltratara, me hiciera sentir menos y que sus acciones fueran el centro de mi vida, así como que gran parte de mis pensamientos se rigieran por lo que él opinara de mí. La subyugación de mis deseos a los suyos, la dialéctica de idealización, la constante necesidad de aprobación y el temor incesante al abandono.
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