mobile isologo
buscar...

No nos va a salvar nadie

Jul 29, 2025

74
No nos va a salvar nadie
Empieza a escribir gratis en quaderno

Anoche

te escuché toser desde el baño,

no te ofrecí agua.

Ya no se ofrece nada en esta casa.

Ni la sal,

ni la espalda,

ni el aliento que antes era

lo primero que buscábamos

cuando abríamos los ojos.


Dormís de costado,

envuelta en la sábana como si te protegieras

de mí.

Yo duermo en calzoncillos,

porque ya no hay manos que me busquen el muslo

a oscuras.

Ni cuerpo que se despierte

como un animal en celo

por la proximidad de un gemido.


Hace meses que no entrás en mi ducha.

Antes era un juego:

vos te reías, yo

te enjabonaba las nalgas,

y después me metía adentro tuyo

sin pedir permiso.

Ahora cerrás la puerta,

el pestillo es un escudo

contra todo lo que alguna vez te gustó de mí.


No tenemos hijos.

No porque no quisiéramos.

Porque no pudimos.

Porque tu útero parecía una casa cerrada

desde antes de la guerra,

y mi semen,

una jauría de perros ciegos

buscando una puerta que no existía.

Probamos todo.

Juro que probamos todo:

hierbas, doctores,

las pastillas que te hacían llorar durante días

y me hacían sentir como un asesino

por abrazarte sin que quisieras.


Nos gritamos hasta el hartazgo.

Las mismas tres frases,

una y otra vez,

como si fueran letanías

de un rezo inútil.

«No me hablás»,

«Todo te molesta»,

«Nunca me mirás a los ojos».


No nos miramos a los ojos.


Me preguntaron hace poco si estaba casado.

Dije sí,

pero no supe explicar

qué era lo que todavía

nos mantenía en la misma hipoteca,

en la misma cama,

en el mismo domingo de mierda

donde solo se escucha

el ruido del lavarropas girando

como una soga apretando

lo poco que nos queda de vida.


A veces me dan ganas de agarrar una silla

y partirla contra el televisor,

solo para ver si reaccionás.

Pero no lo hago.

Porque estamos viejos,

porque estamos cansados,

porque quizás vos también pensás lo mismo,

y nos salvamos uno al otro

al no hacer nada.


Hay una paz falsa

en esta guerra que se volvió rutina.

Una tregua donde los muertos

somos nosotros,

de pie,

frente al espejo,

lavándonos los dientes

con los puños cerrados

y los ojos perdidos

en otra versión de nosotros

que ya no existe.


Giovanni Battista Manassero

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión