¿No hay tiempo?
Si pensamos en el concepto lineal y cuantitativo que usamos comúnmente como “tiempo”, podríamos efectivamente medirlo de la forma en que lo hacemos: 365 días, 12 meses, 24 horas cada día, en fin, un ritmo de vida circadiano. Pero la realidad es que esa manera de pensar el tiempo (legítimamente definida por la física), si bien podemos considerarla como práctica, ordenada, eficiente y útil, no responde realmente a nuestra sensación de lo que es el tiempo.
Es curioso pensar que si bien la vida del ser humano se alargó (cada vez vivimos por más tiempo gracias a los avances médico-tecnológicos), la cantidad y la calidad de tiempo que usamos para “vivir” es en realidad cada vez menor. Las personas se quejan de que las horas del día no alcanzan, que les falta tiempo, y que les llevaría una vida hacer todo lo que tienen que hacer.
Cuando Agustín de Hipona reflexiona acerca del concepto de tiempo finalmente nos da una especie de parámetro para definirlo: “El tiempo es una distensión de la mente” que nos permite medir la vida a partir de la impresión que hacen en la mente las cosas que van pasando, y que permanece cuando las cosas pasan. Lo tenemos realmente en nuestra mente, plantea Agustín, es un presente del pasado, gracias a la memoria, un presente del futuro, gracias no solo a memoria sino también a nuestra capacidad de crear expectativas, y un presente del presente gracias a nuestra mirada consciente de lo que sucede a nuestro alrededor.
Traigo esta idea porque me permite dar un enfoque respecto a que me refiero cuando fraseo algo como “no hay tiempo”. No me refiero a que no haya una definición científica de “tiempo”, no me refiero a que no puede medirse un tiempo para estructurar nuestra vida, ni me refiero a que no existe una concepción mental de tiempo-espacio (dicho kantianamente) con la que ordenamos el pensamiento sobre el mundo.
Cuando reflexiono acerca de expresiones cotidianas como “no hay tiempo” me estoy refiriendo a una sensación mental (que actualmente pareciera ser colectiva) de que “no hay tiempo suficiente”. Pero podrían preguntarse ¿no es suficiente para qué o para quiénes?, y yo divagaría que quizá para lo que el tiempo no es suficiente es precisamente para vivir. No me refiero a que no hay tiempo para la existencia, puesto que efectivamente estoy acá a escribiendo esto, la gente está tomándose un café en las esquinas, viajando en colectivo, trabajando 8 o más horas, estudiando en el colegio o en la universidad o conversando por redes sociales.
Lo que se siente es que no hay tiempo suficiente para vivir los momentos que tienen para nosotros un valor significativo en la vida. No hay tiempo para vivir la vida realmente, aquella que verdaderamente hace que el tiempo se convierta en vida, y no en una medida de algo que podríamos llamar “vida”.
¡Ojo! No seamos reduccionista, trabajar, estudiar, viajar, comer y dormir, son también momentos que tiene su lugar meritorio en nuestro tiempo, y efectivamente forman parte de la vida, e incluso muchas veces se da en ellos el significado extra que les da la categoría de ser un “momento para recordar”. Sin embargo, tendemos a pasar en automático por ese “presente del presente”, como lo llamaría Agustín, e incluso algo peor: tendemos a correr al tiempo, y corremos al presente de nuestra mirada por estar memorando algo o proyectando hacia algo. Nos la pasamos corriendo para adaptarnos a un ritmo de vida sobrevaloradamente rápido, que nos exige ser eficaces, responsables y productivos la mayor cantidad de tiempo posible.
Me permitiré, a modo de ejercicio mental y a modo de reflexión mediocre, reinterpretar a este filósofo medieval: si tomamos al tiempo como nuestra impresión mental de distintos modos conscientes del “presente”, el tiempo pasaría a ser la sensación, valga la redundancia, mental de aquello que estamos viviendo, recordando o planeando. Entonces podríamos preguntarnos ¿Cómo no vamos a sentir que el tiempo no es suficiente si lo que hacemos es vivir corriendo hacia algo más (un horario, un deseo, un pasado, un futuro incierto) sin pensar para qué estamos corriendo, y por qué necesitaríamos hacerlo? ¿Cómo no vamos a estar pensando que nos falta tiempo si nos pasamos la mitad de nuestra vida sin ser conscientes de lo vivido?
No estar presente en el presente hace que el tiempo no nos sea suficiente, y claro que vamos a llegar a esa conclusión si estamos ignorando el único tiempo que efectivamente está ocurriendo aquí y ahora. Y no pretendo remitir a clichés literarios y utópicos como el “carpe diem”. Lo que pretendo es que pensemos mínimamente la forma en que colectivamente llegamos al punto de que de encontrarnos todos corriendo hacia quién sabe dónde, e incluso puede que estemos corriendo en un círculo, en un reloj gigante que no se va a detener.
¿Por qué corremos? ¿Es porque el tiempo no es suficiente? ¿Corremos porque la vida que nos importa está en los fines de semana y las vacaciones de fin de año? ¿Corremos porque no queremos quedarnos detenido en un lugar sabiendo que los demás van a seguir sin nosotros? ¿El tiempo no es suficiente o sentimos que la vida es eso que no pasa cuando el tiempo sí lo hace? ¿La vida será aquel momento en el tiempo en el que soy consciente de estar vivo y con ello dándole sentido a estarlo o acaso solo es un conglomerado de tiempos vacíos de sentido?
Si el mundo en el que vivimos sistemáticamente nos hace llevar un ritmo de vida en el que tenemos que correr para efectivamente vivir, detenernos es una forma de resignificar lo mucho que vale nuestra vida, lo mucho que vale nuestro tiempo.

Filosofía Nocturna
Bievenidxs a mi divagación mental 🤔, porque si leer lo que otrxs han escrito me ha salvado la vida en más de una ocasión, escribir ✍️ me ha dado el coraje para vivirla.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.

Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión