no era simple insatisfacción. era una carencia insaciable, monstruosa, que rugía bajo la piel. no había anhelos compartidos ni un porvenir pronunciado en plural; solo el impulso indecente de abrirlo, atravesarlo, de hacerlo desaparecer fuera de mi boca. no quería sostenerlo, sino devorarlo hasta que se volviera irreconocible, hasta que su esencia escurriera dentro de mí. no fue amor. fue hambre. ¿deseo? claro que hubo. hubo ansias. hubo dientes. mordidas que aún parecen latir. apetito que no pedía permiso ni explicación, que reclamaba carne tibia donde hundirse; estremecimientos que sangraran significado. llamé destino a la primera mordida. llamé eternidad al acto de tragar. y cuando su piel respondió, aunque fuese apenas, me sentí elegido. no por dios. por el delirio. me inventé profundidad en cada herida mínima; me creí capaz de arraigar arrancando, devorando, apropiándome de lo que fuera suyo.
permití que la intensidad sustituyera todo, que el vértigo dictara las reglas y que la posesión se confundiera con trascendencia. cada beso era una incisión microscópica; cada abrazo un intento de atravesar la frontera entre su sangre y la mía. puro consumo. no quería comprenderlo. quería incorporarlo, que su nombre se disolviera en mi lengua y su pulso se mezclara con el mío hasta que no hubiera forma de distinguir quién se alimentaba de quién. quería que, si se iba, doliera como una amputación, que su ausencia supurara. lo frágil no era el vínculo; era mi fe obscena de creer que comer era igual a conservar. porque el deseo no era inocente. era arrogante. creía que podía abolir la pérdida a mordidas, que ningún cuerpo se va si ya está dentro del otro. y cuando la exaltación se retiró —y la carne dejó de arder, y la boca quedó vacía— la claridad fue insoportable: nunca hubo dónde quedarse, solo un altar de labios ensangrentados de memoria, convencidos de que amar es devorar y que ingerir podía retener; una nostalgia delirante que relame los restos, negándose a aceptar que todo lo consumido también termina pudriéndose. dentro.
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