El lado frío de la almohada
contra mi mejilla
después de soñar con un recuerdo
de lo que fue y jamás será
de nuevo.
Sí, fue real.
No, no estás muerto.
Si al morir
te pasaran la película
de cada momento de tu vida,
¿sentirías arrepentimiento?
¿Reconocerías, al fin, los hechos?
No sé, no lo creo.
Sí, fue real.
No, no estás muerto.
Si pudieras hacer algo
por cambiarlo —
si se inventaran los viajes al pasado:
¿sabrías a dónde volver?
¿Evitarías la gota
que rebalsó el vaso?
¿O lo cambiarías todo
con tal de recuperarnos?
¿O no tenés idea
de por qué nos alejamos?
No, no tenés idea
de por qué nos alejamos.
Sí, fue real.
No, no estás muerto.
Doy vuelta la almohada
porque espero no verte de nuevo.
Ni siquiera en mis sueños.
Y me tiro las cartas
y veo tu cara
y escribo poemas
con rimas tan claras
como cada discusión que tuvimos,
como cada mensaje que quedó en el archivo
y que nunca te atreverías a revisar.
Sí, fue real.
No, no estás muerto.
Pero cada vez que me preguntan
qué es de tu vida
revivo el duelo.
Es como ver un fantasma,
es como morder un anzuelo.
Pero me suelto,
¿y sabés qué contesto?
Que sí, fue real.
Que no, no estás muerto.
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