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las pequeñas grandes cosas

#92

Jul 24, 2025

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las pequeñas grandes cosas
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Me gusta el color verde.
el verde pasto mojado, el de las plantas que crecen solas en la grieta del cemento,
el de las cortinas gastadas de la tienda cuando el sol se filtra justo a las cuatro.
No sé si es mi favorito porque me gusta
o porque me recuerda una vida tranquila.
una vida donde no hay que correr,
donde basta con estar.

Cuando me baño, cierro los ojos.
No por rutina ni hábito,
sino porque me gusta imaginar que el agua
se lleva todo lo que no puedo decir en voz alta.
Las dudas, el cansancio, la sombra de mí que se arrastra desde otro país.
Veo cómo corre hacia el desagüe y me siento más liviano.
Como si por un rato, ser yo no pesara tanto.

Suelo hablar con los abuelos que caminan solos.
Aunque soy más silencio que palabra,
aunque no me gusta que me pregunten demasiado.
Pero hay algo —algo chiquito, como un pinchazo—
que me duele cuando los veo esperar en una esquina
sin que nadie los espere de regreso.
Entonces digo cosas simples:

"el clima está raro"
"ese bastón se ve resistente",
"¿le ayudo con eso?"
y aunque casi siempre me dicen que no,
igual lo intento.

No puedo comer algo dulce sin buscar algo salado después.
Como si el cuerpo necesitara equilibrio,
como si la lengua supiera que la dulzura sola
no alcanza.

Hay días en que solo quiero quedarme quieto.
Con las manos tibias por una taza de té,
con el ruido del ventilador llenando la habitación,
con la guitarra sin tocar, pero cerca.
Me gusta sentirla ahí, como un perro viejo
que ya no corre, pero entiende.

Y en esos días,
no extraño nada.

No necesito mucho.
Que nadie grite.
Que nadie se vaya sin decir adiós.
Que la luz entre sin apuro.
Que haya arroz en la alacena.
Que me sobre una campera para prestar si alguien la necesita.

Me parezco más a mi madre de lo que quiero admitir:
doblo la ropa apenas sale del tender,
camino descalzo por la casa aunque el piso esté frío,
me detengo a oler los jabones antes de comprarlos
aunque todos huelan igual.

Hay una parte de mí que se cansó de buscar lo extraordinario.
Creo que ahora solo quiero cosas que duren.
Como las plantas.
Como el té.
Como la gente que escucha sin interrumpir.

No sé si esto es felicidad.
pero si lo es,
me parece que suena más a susurro que a carcajada.

Y por eso me quedo.
Porque las cosas pequeñas
también saben sostener.

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