Quizás así no sea.
Nace una emoción
al escuchar una canción,
nace al contemplar
la bella pintura enmarcada,
nace con lo sutil de un poema.
Es cada gozo de esos instantes,
sentir evidente la felicidad.
Es saber que ella es verdad.
Y, entonces,
no dudar de que sin el músico,
sin el pintor,
sin el poeta,
muchas, muchas más,
serían las guerras.
Ficciones de cine,
de teatro;
baile, danza,
la bella escultura,
el Palacio de las Aguas
en Buenos Aires.
Y la naturaleza:
flores, praderas, cascadas;
el sol
en su adiós de cada tarde.
Las almas sienten caricias,
y de sus desazones
se calman.
Sin el arte,
mayor,
más enorme,
sería el desastre.
Enero sería.
Las palomas, hinchado el plumaje, en lo más alto de los chopos desnudos, acogen el primer calor del sol que recién, de nuevo, nace.
Se les debe hacer muy larga la noche donde quiera que la pasen.
Ellas no sabrán pensar en la fuerza del sino, pero aciertan a encontrar su camino.
Meditaciones en el frío.
A veces me digo: pienso demasiado y no sé si eso es bueno.
Luego, tras sopesarlo, me doy cuenta de que si no pensara, quizás votaría al PP, o a VOX... y eso sí que no.
Concluyo: O pienso o estoy jodido.
Pero es que no existo yo solo, y mi vecino, el fachapobre del que siempre les digo, es uno y trino. O sea, para que me entiendan hasta ellos mismos, que fachas por ignorantes hay muchos. Y es un lastre pesado que acaba con cualquier optimismo.
Sé que no veré el rostro de Dios, pero si un día, alguien me dijera, uno solo, que gracias a mis desvelos ha dejado de votar a esos malnacidos... daría por bueno, por bien empleado, todo tropiezo en este camino.
Pienso, luego me desanimo.
El inhumano imperio.
Se acaba todo, por mucho que dure, el fin es inevitable.
La loba corta la leche al Pueblo.
Se muere muchas veces por el exceso de éxito. Así, el Capitalismo, que podría funcionar de tener una mesura sensata en su comportamiento, se crece, se excede, y acabará con todo por empecinamiento.
Imperio moderno.
La caída es inevitable pues es imposible en lo limitado el constante crecimiento.
"Crecen" las sociedades, los países, las riquezas de los ricos, a costa de la esquilmación y el abuso.
Naturaleza, vegetal y animal, población desafortunada, ecosistema.
Todo se va a la mierda.
Es el simil de usar las tablas del casco de la nave para alimentar la lumbre con que calentar al capitán.
El hundimiento es inevitable.
Roma enriquece a sus traidores.
Los derechos de la hormiga.
La fuerza de la gravedad o las velocidades de rotación y traslación del planeta Tierra, son cosas que están ahí. Así hay otras muchas realidades físicas en el universo.
Uno no puede no creer en la Luna.
Pero ¿Y los Derechos Humanos?
Son evidentemente un invento. Invento no palpable.
¿Tiene la gacela el derecho a no ser comida por el león?
¿Tiene el león el derecho a comerse a la gacela?
No hay tal cosa en la Naturaleza.
Estamos obligados a respirar, a comer, a beber, si queremos sobrevivir, pero no existe el derecho a hacerlo más allá de la convención humana.
El derecho a una vivienda y a un salario dignos pueden consagrarse en libros de tapas duras con títulos rimbombantes y epígrafes altisonantes, pero en la práctica...
Sí, hemos tenido a bien, como especie, darnos unos derechos, pero, esos derechos nos los pasamos por el forro un día sí y otro también, porque, simplemente, no existen.
La Luna, el árbol y el viento, sí.
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