
Es curioso cómo podemos habitar la misma habitación
sin que ninguno de los dos alce la voz.
Tus silencios jamás me inquietaron:
en ellos siempre sospeché una razón.
Todos somos presos de lo que sucede en nuestra cabeza,
y muchas veces cuesta verbalizarlo en un tono o en dos.
Por eso, en vez de insistir, buscaba cualquier objeto,
cualquier pieza olvidada,
para convertirla en un puente hacia tu interior,
y así calentar, aunque fuera un instante,
la parte secreta de tu corazón.
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Las cuerdas siempre fueron mi elección.
En ellas mis dedos viajan, desnudos,
buscando razones más hondas que un beso o un dolor.
Y cuando no había cuerdas,
las teclas se volvían mi tregua.
Me sentaba en un rincón cualquiera
y mis palmas encontraban un ritmo
capaz de estremecer las fibras que se esconden
detrás del esternón.
Por osadía, —o por amor—
seguramente me ganaría una mirada feroz,
quizás dos.
Pero no me habría importado
si al final del día arrancaba de vos
esa carcajada limpia,
esa risa que hace de la vida una travesía
y del loco que soy, una mejor versión.
ㅤ
Pero, ¿qué ocurre cuando no encuentro nada?
Vuelvo a lo primario, a lo indómito.
Me salgo de la ciencia, abandono la lógica,
y me dejo llevar por la voz de la naturaleza
y por lo que en vos respira.
Ese camino de sal que lleva al origen
y nos devuelve siempre, como dos criaturas pequeñas,
al rito de danzar bajo los rayos de la luna y el sol.
Nos tomaríamos de las manos,
y yo encontraría mi regreso a casa
en tu mirada:
en esos ojitos que me devuelven el aire,
en ese abrazo que desarma hogares
y funda uno nuevo en tu pecho.
Porque cuando abrazo, no conozco otro destino
que quedarme a vivir en vos.
ㅤ
Qué osadía la del gato
que, creyéndose con vidas de sobra,
busca siempre una mejor,
cuando lo poco que sé
es que nunca escapé del viento que eras,
ni de tu marea.
Por eso vuelvo a las letras,
y me repito el mantra suave
de que la tristeza es huésped pasajero
y que en tu mente no hay barrotes.
Tienes la luz dentro, bella damisela.
Llevas la llave.
Y aunque nadie sepa lo que aguarda detrás de la puerta,
yo sé que no deseo que seas pasajera en mi vida.
Agárrate fuerte.
Déjame ser empuje, farol, refugio y aguante.
Que cuando volvamos a caminar las calles,
descubrirás que la vida aún está poblada de arte.
Las historias vuelven a ser fascinantes
cuando alguien las escucha con el corazón abierto.
Pero no te dejes engañar por cualquier cantante:
parafrasear es fácil,
hablar también,
pero ningún canto se compara
al de tenerte, amarte,
venerarte en tu esencia y en tu ausencia.
Porque huella siempre dejaste,
y ninguna copia comprenderá jamás
el misterio auténtico
que te vuelve arte viviente.
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Así que, lejos de los planes de este gato-parlante, te digo y te cito:
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❛ Búscame en el tiempo,
en la sonrisa y en el hoyuelo.
A ti te entrego mi mundo entero.
Y si alguna noche perdemos la salida,
debajo del balcón te espero con una canción.
Huir contigo será siempre acierto y bendición.
Porque contigo, sólo conozco de risas y perder la razón.❜
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Y si ya estás por ahorcarme,
déjame decirte que acepto el nudo con gusto.
Cualquier relación es un baile de dos.
Y aunque la vida se vuelva feroz,
tu mano sostengo con fe y mil cuentos.
Sé que ninguna tristeza, ni ninguna alegría es eterna.
Pero deseo ser razón suficiente
para espantar aguaceros,
o al menos lanzarme a tus aguas
como el mejor marinero.
Tal como nos encontramos vos y yo,
dos locos inventando su propio ritmo
en medio de la labor.
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