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Navidad inestrellada

Enzo

Dec 25, 2025

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Navidad inestrellada
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Me acuerdo esa navidad en la que tuvimos que entrar la mesa adentro, por culpa de una lluvia imprevista que golpeó el techo durante toda la noche buena. En la casa nos amontonamos como pudimos, los niños agarrabamos algún arrollado de la mesa y nos íbamos bajo la fachada del patio, mirando si el trineo aparecía entre la lluvia. Después, los regalos estaban bajo el arbolito como si siempre hubieran estado ahí,  impecables y secos. 

Al siguiente año no tuvimos que entrar la mesa, pero no toda mi familia vino esta vez. Me puse triste por ser la única niña jugando por el patio. Cuando me aburrí tanto, me senté junto a mis abuelos que miraban las estrellas, antes de los fuegos artificiales que colorearon la noche oscura. Mi abuela se quejaba porque le parecían muy ruidosos y yo los miraba fascinada, pero veía a nuestro perro salchicha asustado y ya no los quería más. 

La otra navidad, papá me llevó a pasarla a casa de mi tía, donde también estaban mis primos con los que solía jugar. Ya no me aceptaban como antes, jugaban entre ellos a otras cosas y no esperaban ningún trineo volador, me sentí incluso más sola que cuando me acompañaban mis abuelos. Debajo del arbolito apareció solo mi regalo, un peluche que quería desde hace años. Pero ya era tarde.

La siguiente fue la última navidad en la que el cielo estuvo estrellado. Volví a estar con mi mamá y mis abuelos, la mesa enorme para pocas sillas. Yo ya sabía la verdad y aún así seguí mirando al cielo, contando cuántas estrellas brillaban en la noche. Justo a las 23:59, el viento sacudió al mantel blanco y volcó las copas que había servido mamá. Brindamos mientras los fuegos artificiales lastimaban a las estrellas. Entramos a abrir los regalos, que siempre había para todos. Mamá acompañó a mis abuelos a su casa y yo me quedé cuidando al salchicha. Fue una navidad con una familia unida, sin más que agregar. 


Ahora recorro la casa sola y me olvido de encender las luces navideñas. El arbolito a medio armar, no encuentro dónde quedó la estrella. Mamá se queda cuidando a mi abuela en su casa. Papá me llama después de las doce, insiste en que el próximo año vaya con él.  Creo oír al salchicha ladrar asustado, pero ni siquiera han tirado fuegos artificiales. Me siento sola en el patio, viendo como desaparecen las estrellas del cielo.  Bebo una copa de sidra porque ya estoy más grande, ya no me traen regalos. Empieza a llover, como es costumbre en esta ciudad. Me levanto y justo cuando voy a correr la puerta, una mano me acaricia el hombro. Giro de repente y, resplandeciente en el cielo, veo la estrella que había perdido. 



Enzo

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