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nada sería igual

Dec 31, 2025

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nada sería igual
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Fue un año muy atípico,

lleno de idas y vueltas.

Lo que comenzó siendo un año prometedor, y tal vez anticipado como uno de los mejores,

terminó acabándose por completo, destruyéndolo todo, rompiéndome en mil pedazos.

Pero no me malinterpreten, no quiero ser negativa al respecto.

Creo que me dio ese empujón necesario para dar el salto y transformar mi vida de golpe.

Todo eso que venía pateando, postergando; toda la mugre que venía metiendo bajo la alfombra por años,

en algún momento tocó la luz.

En algún momento, en mi avaricia interna por querer sostener y mantener el control de todo,

algo se me olvidó; se escabulló.

Una ventana se abrió y toda su brisa se impregnó,

llenando mi vida, mi hogar y mi oscuridad.

Se metió y dejó (por fin) volar todas esas cosas que venía reservando.

Ojalá pudiera sentirme orgullosa del año que tuve,

pero mentiría si dijera que me siento feliz con el resultado.

Sin embargo, entiendo que a veces la vida no te presenta ni te da lo que vos querés,

ni lo que te hace sentir mejor o te genera comodidad: te da lo que necesitás.

El universo te da lo que HOY tenés que atravesar.

Y no me queda otra que agradecer por ello también.

Sería muy desagradecida si dijera que solo me pasaron desgracias,

pero las malas que me ocurrieron fueron muy jodidas,

aunque tuvieran su propósito.

Creo fielmente que el universo, en algún punto, me está preparando para un plan muchísimo mejor.

Y el primer paso siempre es agradecer por lo que hoy toca,

por lo que se tiene,

por lo que es.

Siempre dejarse ser, recibirlo y no luchar contra ello.

El proceso de aceptación y adaptación es muy difícil para mí,

porque no es algo que esté en mi matrix, ni en mi chip, ni en nada de mí.

Soy todo lo contrario: detallista, controladora, racional.

Todo lo opuesto a fluir, vivir, sentir, amar, dejarse guiar por lo que el alma realmente quiere.

Hoy los invito a que recorran ese camino conmigo también: el del amor.

El de entender que el ego es solo eso: un ser diminuto y caprichoso que entiende poco del amor,

porque le conviene que no nos guiemos por él.

No sale favorecido en nada si no nos seguimos aferrando a las heridas y los traumas.

Al dolor. Al sufrimiento. Al enojo. Al resentimiento.

Pero qué difícil que es; es tan vicioso aferrarse a él.

Es tan cálido, tan cómodo.

Solo quiero agradecer por este año tan nutritivo en muchísimos aspectos.

Por hacerme ver mi oscuridad de una manera que nunca antes había visto.

Por hacerme atravesar las cosas que ya me tocaban.

Por reunirme aún más con gente con la que ni pensaba que podía matchear.

Por mostrarme el amor en otras formas: en la amistad, en las mascotas,

en algún desconocido que casualmente pasó y me dijo algo lindo,

y ese comentario me cambió la vida.

¿Y por qué no? En mí también.

Porque aunque muchas veces lo olvido,

sé que yo también soy amor.

Lo siento en mi manera de expresarme.

En los “poemas” que escribo a puño y letra.

En los regalos que hago.

En las fotos que saco.

En los mensajes que envío.

En los abrazos que doy.

En las risas que causo.

En el oído que presto para que otros se sientan escuchados.

En mis párrafos exageradamente largos que mando pidiendo perdón o expresando mi mayor amor,

cubierto y semi escondido en esa vulnerabilidad y sensibilidad que solo sé que yo tengo.

Pero ojo, no vaya a ser que me exponga demasiado y entonces sea ahí, donde el otro se dé cuenta de lo que realmente soy: solo un terrón de azúcar (como diría Rosalía).

También puedo sentirlo en mi forma de ver la vida y cómo inevitablemente no logro contener el impulso de discutir sobre ello, con cualquiera, con mis amigos, con el vecino; con vos.

Soy así, es mi forma de ser.

Demasiado particular para un mundo tan cambiante.

Es doloroso pensar que a veces me corro de esa luz, que me olvido de todas esas cosas buenas que la vida puede darme inconscientemente; cosas tan banales como hermosas.

Creo que la muerte nunca estuvo tan cerca,

y hoy entendí que jugar con fuego no es la mejor opción.

Que parece que todavía vale la pena estar acá un rato más y seguir disfrutando de todas esas cosas bellas que solo Dios da.

Cosas que, en otro plano, en otra vida, no serían iguales.

No habría amigas mejores.

Ni abuelos tan cálidos como los míos.

Mucho menos un gato que ronronee tanto como Toby y bese todas mis cicatrices viejas por arriba de las mangas.

El aire, el pasto, las flores, las estrellas por la noche en el sur; nada sería igual para mí.

Por eso y más, gracias.

Mar ₊✩‧₊˚౨ৎ˚

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