Eclipsada en un frío otoño, afuera llueve y sin previo aviso para mi cuerpo, los brazos de la oscuridad de un viernes a la noche me envuelven y me arrastran con una sonrisa perversa directo a un abismo difícil de evitar. Mi cuerpo experimenta los momentos más desgarradores del des-amor y así se encarga de invocar la tristeza más inmovilizante de todas. Paralizada en la esencia del espacio, con la falta de aire debido a todos los cigarrillos consumidos y el vómito de mi corazón sostenido en mis manos, una vez más mis pensamientos confirman lo que desde un principio siempre supe y quise ignorar.
Mi amor, afuera está lloviendo, ya tu cuerpo no yace junto al mío y siento los efectos de la inanición pisándome los talones, las dudas de volver a llamarte para expresarte los te amo que devoré en nuestro tiempo juntos se hacen presentes y deseo despojarme de ellos.
Quizá mañana el sentimiento desaparezca.
Hoy te extraño.
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