Nacerán los hijos incomprendidos, los abandonados, aquellos incompletos que con zapatitos de charol gastaron su infancia en busca del amor, aquel negado, poco dado, para nada recibido.
Nacerán los hijos de padres, madres, figuras borrosas a lo lejos de la puerta, el jardín de silencios solitarios, patio de juegos donde no habita ningún otro ser, más que su propio pesar.
Nacerán los hijos marginados, los rebeldes sin razón, los cuestionados, aquellos descarrilados que crecieron torcidos cual árbol apartado.
Nacerán los hijos mayores, aquellos que de niños no eran niños, sino también figuras de guerra. Aquellos que maduraron, crecieron, por hermanos inocentes.
Nacerán los hermanos del medio, aquellos sin voz y que a su paso, no se escucha su dolor. Van por los pasillos sin presencia ni vienen sin palabras. son conocidos, pero completamente desolados.
Nacerán los hermanos menores, la sombra de años anteriores, nombres. Aquellos que son fervientes y sienten mucho más allá de lo imposible. Pero sigue siendo la sombra de un niño.
Nacerán los hijos. Los niños. Adolescentes. Adultos. Nacerán siempre los penosos que lamentan lo malo y perdonan lo impropio.
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