Me recuesto sobre mi cama, esperando que esta pesadilla termine. Abrazo mi almohada como quien se aferra a la última esperanza, pero lo único que recorre mi rostro son lágrimas que nacen de unos ojos ya cansados.
Miro a mi alrededor y me siento infeliz, atrapada en un lugar al que siento que no pertenezco. Entonces cierro los ojos y regreso a aquellos momentos que alguna vez me dieron alegría. Me aferro a ellos con fuerza porque, en el fondo, estoy cansada de vivir así, cansada de respirar con este peso en el pecho.
Quiero irme lejos, aunque lo extraño es que ni siquiera sé a dónde. Solo quisiera que dejara de doler mi corazón, que dejara de doler mi vida.
Y me veo a mí misma aferrada a una vida que ya no me pertenece, a mis recuerdos y a unos brazos que ya no están; y vuelvo a sentirme, una vez más, muerta en vida.
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