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Mucha Policía, Poco Tango

misho

Aug 23, 2026

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Mucha Policía, Poco Tango
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Carlos dedicó los últimos años de su formación policial a convertirse en el mejor de su generación. “Si seguís así, vas a llegar lejos”, le decía su superior cada vez que él le cebaba el mate. Tanto regar el viejo porongo del instructor dio sus frutos. 

Un verano de dos mil veintiséis, Carlitos dejó el piso del gimnasio para pasar al caliente cemento de la ciudad de la furia. Aunque en un inicio le costó acostumbrarse al solitario patrullaje, la rutina fue tallando en su interior el espíritu de un verdadero capataz. Cada día libre de delitos, inflaba un poco más su pecho, ensanchaba su espalda y hacía brillar aquella gloriosa placa que portaba con orgullo.

En los días de franco, contaba grandes hazañas a sus amigos. “Estoy encargado de custodiar a gente importante de nuestro país”, sostenía siempre, escudando la ausencia de detalles en la confidencialidad de su labor. “Y… es jodido, viste cómo se ponen los boludos con los famosos”, replicaba cuando le preguntaban por las dificultades de su oficio.

Corría una nublada mañana de invierno, cuando el uniformado tuvo que decidir entre callar frente al poder o cumplir con el mandato de la justicia. Tras doblar la esquina de una de las calles principales, Carlos divisó a uno de sus protegidos fumando como si nada, en plena zona libre de humo. “¿Qué carajos se cree este idiota?”, susurró con prepotencia. Sin vacilar, sacó su arma de servicio, le apuntó y gritó a viva voz que a partir de ese momento se encontraba detenido. El caballero atónito, totalmente inmóvil, mantuvo la mirada fija en el horizonte. “Tiene derecho a guardar silencio” le informó el agente. 

A escasos metros, un mixto grupo de turistas, visitantes y trabajadores del cementerio observaban a aquel sujeto esposándole las manos a la estatua de Gardel. Los murmullos crecían en el patio del silencio. Un anciano japonés enfocó al funcionario y disparó una foto con flash. –¿¡Quién fue el pelotudo!?” –exclamó Carlos, parcialmente ciego por la luz–. ¿¡No ven que Discépolo está durmiendo acá al lado!?”.

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