Hay momentos donde bajo la guardia.
No porque deje de ser fuerte,
sino porque por un rato
me canso de sostenerme tanto.
Y ahí aparecés vos.
En una risa tonta.
En una charla larga mientras suena música de fondo.
En unas cosquillas que terminan en abrazo.
En el silencio cómodo de dos personas
que no necesitan impresionar todo el tiempo.
Me gustan esos momentos.
Los de adentro.
Los que existen lejos del ruido,
lejos de lo que se espera,
lejos de la versión de mí
que siempre parecía lista para todo.
Con vos hay instantes
donde no necesito actuar deseo
para sentirme deseada.
Y eso, aunque me asuste un poco,
también me descansa.
Porque hay algo muy íntimo
en poder apoyar la cabeza en alguien
sin sentir que tenés que rendir
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