Que intolerancia la impertinencia de tu boca tibia pegada a fuego con mi boca,
En hilos imaginarios de historias que aún faltan Contar
Tus pechos hirviendo en el final de mi lengua,
El escalofriante susurro en las sombras de la habitación que luchaban cuerpo a cuerpo sin desenfreno,
El sol de la mañana advertía tus mejillas rozagantes con duraznos sangrantes.
Impetuosos los abrazos de fuego que torneaban la tragedia de un amor impermanente
Agotados peregrinan las yemas de mis dedos sobre los fragmentos lunares de tu espalda.
Mis vísceras revueltas se hamacan con el tiempo .
Sin agujas en este cronos de incertezas.
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