Déjame acercarme y mirarte,
sin romper el aire entre los dos,
como quien roza un recuerdo
antes de que se vuelva pasado.
Déjame conocerte,
sin miedo,
con el temblor dulce
de quien ha amado y ha perdido,
pero aún cree en la magia
de unas manos nuevas.
Déjame memorizarte:
cada sombra en tu mirada,
cada palabra que no dices,
cada gesto que te traiciona
cuando algo en ti se siente visto.
Porque hay algo en tu risa
que parece promesa,
y algo en tu tristeza
que me habla de casa.
Quiero quedarme
a descubrirte en pedazos,
aunque duela,
aunque arda,
aunque el alma me tiemble
de tanto mirarte.
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