Mírame con esos ojos color mar,
mírame, por favor, que en el oleaje de tu luz
me siento renacer, me siento, al fin, vivir.
Mírame, porque los silencios de mi voz se habitan
solo cuando te escucho nombrarme, amor.
Es delicioso el instante en que tus ojos buscan los míos,
audaces, desafiantes, deteniendo el latido del tiempo.
Tu juego es la seducción del viento;
el mío, el arte de ser sombra y no dejarme atrapar.
Caigo rendida a tu tacto,
redimida y pequeña ante vos.
Soy tuya mientras mi sombra sea reflejo en tus pupilas,
y en ellas dance al compás de tu corazón.
Pero shhh, que cuanto menos lo sepas
mejor, amor.
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