Era una mina de oro,
al excavar cada vez más profundo
su brillo se tornaba apagado
como su mundo.
Escondía lo que no se puede ver,
lo insondable
y atípico de su ser,
ni ella sabía que estaba ahí
pero ya se encontraba desde antes
que pudiera pensarlo.
Por buscar en lo extraño
se perdió en lo propio,
quiso arreglarlo y terminó rompiéndose
parte por parte,
se puso de rodillas
para recoger los quilates
que se le escurrían de las manos.
Se llevaron todo de ella
y solo dejaron un pobre corazón
que nunca notaron,
porque ellos no tenían ninguno.
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