Hoy la justicia sigue suspendida. No sé exactamente en qué momento la dejaron colgando así, a medio camino entre lo correcto y lo conveniente, pero nadie parece tener prisa por bajarla. Supongo que mientras flote, todos podemos fingir que todavía funciona.
Me han vuelto a llamar la maldición de esta casa.
Lo escribo y todavía se siente extraño, como si estuviera copiando el nombre de otra persona. A veces me pregunto en qué punto pasé de ser alguien que solo intentaba amar en paz a convertirme en la grieta favorita de todos.
Intenté ser buena, de verdad lo intenté. Hubo noches en que recé, no por fe, sino por puro miedo, pidiendo ser más fácil de aceptar, más pequeña, menos… yo, pero hay formas de existir que este lugar no perdona, y la mía parece ser una de ellas.
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