“Mi vaso de café”
Me siento bastante cansada. Es como si el mundo hubiese decidido ponerse pesado, duro e incomodo apenas giraron las agujas y se hicieron las 0:00hs del 1/1/2026, no del todo, pero a veces me cuesta ver las cosas a través de algo que no sean las redes sociales. Me tienen enferma, consumida, prisionera. Realmente siento que podría respirar mas si no estuviese tan adicta. Esa dopamina que me genera el teléfono no esta siendo productiva, y ahí se empieza a tornar un caos el entender qué tanto me importa ser productiva cuando todo el día me siento un producto que cumple y después viene todo el resto. Quizás es simplemente la realidad que me toca hoy, el cansancio que me hace pensar en todo como un gran desafío constante, el sistema y sus consecuencias inevitables, la esperanza que se va perdiendo con los años, la conciencia plena de cómo mi tiempo es importante, cada segundo cuenta y no quiero desperdiciarlo, o simplemente sobre analizo porque me acostumbre a vivir en kilombos y como estoy en un gris, aprendiendo y sacando la tragedia de cada cosa se me hace raro. Que se yo, puede haber un poco de todo. Esta semana me sentí la mina mas libre y afortunada por tener un momento maravilloso con mi amigo de años en donde vimos las estrellas tirados en el pasto y la oscuridad, le cantamos al cielo y nos cagamos de risa de todo. Fue más que liviano y agradable, me sentí esa persona que me gusta ser, la que sabe que esa sensibilidad con la que nació es parte de si misma, y no una consecuencia de traumas o algo a reparar. Sentí que si todavía me pueden pasar cosas así es porque las merezco, y que después salgan varias cosas mal no significa que es un castigo por haber sido feliz. Entendí, enojada y padeciendo, que ahí esta la gran prueba, cuando puedo tener las cartas sobre la mesa y decidir si amerita mandar todo a la miércoles o aceptar que no todos los días son iguales.
Estoy medio hinchada las pelotas de lo que me molesta y todavía no logro modificar o mejorar. Pero también estoy contenta de que todo el esfuerzo de años viene dando sus frutos, que no necesito que nadie me venga a recordar lo valiosa que soy y que merezco mucho. De lo bueno. De lo lindo. De lo que te saca una sonrisa. Salir del capullo no es que te metan un bife todos los días, pero pega bastante. El otro día viví una situación (y un día, en general) que amplio más mi panorama: en mi laburo todos los días preparo café, agua para el mate, como persona normal que convive con otros, no como empleada sirvienta, como algo a sacar en cara después, simplemente como humana que da lo mejor que puede todos los días. Justo ese día no hice porque no había. A la tarde fueron a comprar café y trajeron cuatro, cuando contándome a mi somos cinco. Por un momento dije “ah, bueno”. Pero con los minutos pasando me empezó a agarrar un poco de impotencia, desagrado, algo no estaba bien en eso. Va más allá de la posición en la que estoy y en la que están ellos, va más allá de si fue a propósito o no, me di cuenta que directamente no me contaron. No es que no querían gastar en mí, o dejarme en claro que no soy parte de ese sector superior. No registran mi persona como algo que importa. Las pocas veces que he sentido esto siempre apareció cierto discurso de sacar en cara las cosas buenas, y es bastante compleja la trama, pero sigue siendo un laburo. Sigo vendiendo mi tiempo a cambio de plata, y sigo dando más de lo que se merece. Con errores y aciertos, sigo cumpliendo. Y no sentí que no cumplieron, sentí ganas de irme. De poder decir gracias por todo, pero no, hasta acá llego. Hubo tantos hasta acá llego este último tiempo que me rio de mi falta de respeto a las promesas que hice. Me consuela saber que ya me vengo moviendo hacia algo mejor, pero aún no aparece. Aún no llega. Y que pesada que soy cuando hablo del transporte, pero no tolero ni un minuto mas de lo sofocante, agobiante y pesado que es. Los gritos en la cara, los ruidos, la cantidad inmensa de información apenas me despierto, el tiempo que es eterno y desigual. Las mil maneras de distracción o focalización en otro lado que no alcanzan. El llegar totalmente pasada de rosca y no hilar dos pensamientos porque el descanso es necesario, pero desconectarme de eso también. Ya no me convence el “no me queda otra”, ya es elección querer otra cosa. Me deje estar en situaciones violentas, estresantes y agobiantes durante muchos años con alguna excusa convincente, hoy no me sale. No puedo. No quiero. No me va. Y ojala fuese tan fácil largarse de todo como parece.
Siempre fui una persona tan permisiva, tan servicial, tan desesperada por aprobación, que cuando me harté y empecé a fletar todo eso de mi vida con hechos y no solo con deseos empecé a llenarme de molestias por no haber podido contestar, defenderme, irme, enojarme en ese momento. No viene al caso. Pero, a veces creo, que toda esta cosa interna que aún me habla a veces sale más en estas situaciones, y ya no se de qué es valido quejarme o no. Cuándo soy desagradecida o no. Cuándo exagero o no. Cuándo amerita que me enquilombe y cuándo debería poner el límite y seguir en la mía. Y, cual es la mía. Hay tantos lugares en donde estoy y al mismo tiempo en ninguno. He luchado con esta sensación de que nunca termino lo que empiezo por años, de comparar mi vida con la de los demás sabiendo que no tiene ningún sentido, de putear porque me encantaría que las cosas hubiesen sido un poco mas sencillas, de autocastigarme por no estar “en donde debería” a mis 28 años (y a mis 16, a mis 25, y blablabla). Y hoy en día no me importa tanto todo como antes, y eso me lleva a saber en qué invertir mi energía. Llevarme mejor conmigo, ser mi mejor compañía. Y me encanta. Y como leí en varios lugares, parte del amor propio es contenernos cuando estamos mal. Yo antes me trataba peor de lo que los demás me trataban cuando pasaba algo malo. O tenia un mal momento. Antes había rayitos de luz de vez en cuando, pero la naturaleza de mis días era una cueva sombría. Hoy salí de la cueva y me encanta rasparme con arboles y ramas, sentir como el agua de la mini cascada me pega en el cuerpo y se que estoy más viva que nunca. Soy mi propio fruto. Y todo lleva su tiempo, crecimiento y proceso.
A veces me marea ser yo, no se como explicarlo, pero es como un shock de realidad, algo físico/mental que me pasa de vez en cuando. Siento y analizo las cosas con una profundidad que me asusta. No estoy diciendo que comprendo todo, sino que comprendo demasiado. Como si me dieran planos de una ciudad que ya no existe, porque en mi mente fue construida, derrumbada y vuelta a construir en cuestión de segundos. Me canse de lo digital, y al mismo tiempo se que es parte de mi laburo. Por momentos me cuesta distinguir si me siento en paz conmigo o es validación del resto. ¿Cómo tener una relación sana con quien soy ahora sin frustrarme por lo que todavía no puedo ser? ¿Cómo no machacarme a palos cuando cometo un error sabiendo que nunca tuve ni tengo malas intenciones con nadie, pero aun así sigo siendo capaz de herir o molestar a alguien con mis actitudes? Hay tanto bueno que di, doy y daré, hay tanto potencial en mí, y tanto limite al mismo tiempo. Externos, internos y los normales de cualquier persona que va por lo que sueña. O que trata de hacer algo con su vida más que vivir para laburar. Me conmueve saber que lo real me sigue haciendo feliz, aunque este pegada al celular. Me conmueve saber que ni con todo el sufrimiento, dolor y traumas que pase se me cruzaría por la cabeza ser igual de mierda con los demás. Me conmueve saber que construí algo increíble conmigo misma y que no necesito transmitirlo todo el tiempo. Que nadie puede juzgarme mas de lo que yo lo he hecho conmigo misma. Que la lluvia me recuerda que amo ese clima y dormir escuchándola. Que por mas que tenga una lista con pendientes que se me desbordan por los costados de mis cuadernos y son la mayoría cosas que realmente quiero hacer y que no sé por dónde empezar, sigo teniendo tiempo. Sigo con ganas. Sigo acá. Y no, lamentablemente no tengo todo tan claro como me gustaría. No encaje del todo mis objetivos en metas claras que sean acordes a lo que se espera o lo que debería ser. No puedo con todo sola, pero aun así merezco mi tiempo, mi espacio, mis decisiones y querer y necesitar algo mejor. Y nada de esto me define lo suficiente, sigo siendo una historia que se completa día tras día, y que solo yo sé cómo la atravieso y lo que cuesta. Y por supuesto, lo feliz que me hace haber venido a este lado en donde sabes que mereces vivir.
Ahora y siempre, merezco mi vaso de café.
Gracias por leer.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión