Último día de julio, me salió mi primer callo, no lo puedo creer.
Algo en mi cambia, esa metamorfosis infinita que es la vida.
Mis células se suicidan y crean una montaña de cadaver que se solidifica y por alguna razón DUELE,
dolor que se puede soportar pero que todo el tiempo te hace saber que está ahí. El callo no calla.
Ahora somos uno los dos, es como ese gemelo maldito mal formado de las películas gore.
Pincha como la oscuridad que llevamos dentro pero que elegimos no mostrar.
Guardar lo peor para uno, un callo en las penunbras de mi calcetín.
Me hace pensar que es esa piedra en el zapato de la que tanto hablan, la vida.
Pisar con dolor pero seguir pisando al fin, hasta que vas a la pedicura o te morís.
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