Soy cualquier mísero cuerpo terrestre,
la sombra de la carne de Henoc.
Pero mi piel sí ha sido pelada;
faces lunares sí han tocado mi muerte,
me han arrancado cada cáscara
atada a una inocencia mortal.
Incompetente soy,
para los ángeles soy el llamado insolente,
la sombra de la vivencia,
soy lo que las letras de goétia
significan para el aura luciferina,
para los demonios;
lo que las abrasivas alas
de una y tantas gárgolas
simbolizan para cada pilar
de una catedral.
Soy mortal,
y soy irreconciliable,
solté la mano de mi Dios
para enamorarme de mi ocaso;
lo prohibido que suscita mi letanía,
lo innombrable en mi propia Lilith.
He hechizado a un Asmodeo,
con la taumaturgia,
he obsesionado a las liturgias,
mi poesía es hace tiempo, profecía.
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