Ayer estaba caminando por Plaza Colombia. Una placita cerca de donde vivo, en frente de un colegio del cual me fui hace años. La razón por la cual me encontraba ahí era porque no muy lejos era la casa de mi psicóloga y como no tenia nada que hacer y tenía plata me quedé caminando por ahí. Lo primero que vi fue a un payaso que siempre estaba entre las dos zonas de juego que habían, recordé cuando me hacia espadas de globos y tenía enfrentamientos épicos con mis amigos, de los cuales nunca terminábamos de decidir cuando se ganaba o si las espadas nos habían dado. Cuando me acerque a ese payaso, lo mire con cara de complicidad y le pregunte si me podía hacer una espada de globo, triste fue mi sorpresa cuando hizo la espada, me dijo cuanto salía, le pague y se fue, quiero decir, es lo que se supone debe pasar, sin embargo, algo en mi se decepciono y angustio como nunca. Sin saber muy bien porque este sentimiento apareció en mi seguí caminando por la plaza, esta vez entré a la sala de juegos en donde siempre jugaba con los chicos de ahí al ta-te-ti y después nos tirábamos por el tobogán que estaba mas adelante para luego jugar en la arena. Apenas entré, vi como ya no había arena sino concreto y ya no había toboganes, sino que hamacas. Me senté en una de ellas y me quedé mirando el paisaje hasta que me di cuenta de lo que realmente estaba pasando. Esta no era mi plaza, era imposible que fuese esta mi plaza. Mi plaza tenía enfrentamientos épicos con espadas, toboganes, un ta-te-ti y chicos con los que jugar, por lo que más lógico era pensar que esta no podría ser mi plaza, que me equivoque de lugar, no puede ser otra cosa mas que eso. Sin embargo, esta era la dirección correcta, después de todo solo mi plaza esta en frente de mi colegio, por lo que decidí investigar un poco este caso tan inusual, una plaza no desaparece de la nada y sin que se note su cambio. Mientras recorría el lugar en busca de pistas que me digan donde se encuentra la verdadera plaza me encontré con un viejo que reconozco por siempre jugar solo al ajedrez en una mesita. Cuando lo trate de saludar el viejo no me respondió, le pregunte su nombre y conseguí el mismo resultado, por lo que decidí ir directamente al grano. Le dije que estuve investigando esta plaza y le comenté que me di cuenta de que esta no era la mía, que algo le había pasado ya que mi plaza tenía enfrentamientos épicos con espadas, toboganes, un ta-te-ti y chicos con los que jugar y le pregunté si sabía dónde se podía llegar a encontrar la verdadera. El viejo luego de escucharme decir eso me miro a los ojos, guardo sus piezas de ajedrez y me dijo “se de lo que me estas hablando, yo llevo buscando una vida entera esa plaza de la que me hablas, por eso siempre estoy jugando ajedrez en todas ellas, para tratar de descubrir que ocurrió con la mía y si se da la casualidad, volver a encontrarla”.
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