mobile isologo
buscar...

Mi jardín de las palabras

Jan 5, 2026

58
Mi jardín de las palabras
Empieza a escribir gratis en quaderno

Ya no sé qué hacer.

¿Debo quedarme?

¿Debo huir?

¿Debo simplemente acostarme en el suelo y perecer?

Aquella flor que tanto anhelo simplemente me evita.

Cada intento marchita aún más mi jardín,

pero con cada intento hay algo que sale bien, por más mínimo que sea, y la esperanza vuelve a mí.

Solo me estoy engañando a mí mismo.

Si mi jardín ya no da flores y las pocas que me quedan están marchitándose e intentan llevárselas,
¿es idóneo quedarse?

Cultivé este jardín con mis propias manos
y lo nutrí con el más grande de los cuidados.

Cada semilla la elegí con el mayor mimo, cautela y sabiduría.

Dio fruto todo mi esfuerzo la primera vez,
aquella primavera que aún no logro olvidar.

Sin embargo, no importa qué haga,
ese milagro pareciera que nunca volverá a repetirse.

Los bellos colores de mi preciado jardín desaparecen día con día
y mi incertidumbre crece de igual manera.

Nada parece tener sentido.

Después de muchos días, mucho sufrir y mucho pensar,
creo que es momento de que tome una decisión.

O quizás la decisión ya había sido tomada desde hace tiempo
y yo solo prolongaba lo inevitable.

Aferrarme a las espinas de mi bella rosa con desesperación
solo logró que me sangraran las manos.

Pero ya no soporto este dolor.

Ya no queda sangre en mi cuerpo que pueda seguir derramando.

Todos me dicen que no me rinda
y la naturaleza misma me ruega, me implora y me suplica
que pase lo que pase no pierda mi fe,
pues ella fue testigo de todo lo que sufrí
para llegar hasta donde llegué.

Me lo dice en el viento,
en el movimiento violento de los árboles,
en las torrenciales lluvias que me envía,
en los potentes días soleados que desgarran tanto la tierra
que ni la ya dicha lluvia podría restaurar.

Pero sus intentos son fútiles.

Me marcharé en silencio,
protegeré del frío lo que quede de mi jardín
y, cual vulgar ladrón, desapareceré entre la neblina
sin mirar atrás.

“Es lo mejor”, dice mi mente.
“Es lo correcto”, dice mi cuerpo silente.
“Fue lo que nos prometimos aquel día
que plantamos la primera semilla”,
clama mi alma para acallar los gritos.

Pero mi corazón grita:

“Te lo advertí.
Te lo advertí cuando todavía había tiempo.

No escuchaste.

Jamás volveré a sentir
como sentí por este jardín.

Y jamás voy a perdonarte”.

Lloré lágrimas amargas,
negras como el cielo sobre mi cabeza,
antes de irme.

Ojalá la tierra
no recuerde mis manos,

cuando alguien más
intente hacerla florecer
donde yo fallé.

Kuroi Kitsune

Comentarios

No hay comentarios todavía, sé el primero!

Debes iniciar sesión para comentar

Iniciar sesión