La divinidad yace en vos,
entre tus brazos.
Aquellos en los que dormito,
viajando entre nubes de sentimientos.
Nunca sé comprender cuánto me
dejo llevar de más.
Quiero creer que me encuentro segura
entre tus manos soñadoras,
tanto que podría llamarlas mi hogar.
Creo que, entre tanta fantasía,
escribí tu nombre en mi mente.
Ahora no puedo dejar de pensarte.
Es como si no pudiera existir sin
tu imagen en mi cabeza.
Revolvés mi día,
llenando de caos cada pequeño
espacio tranquilo.
Ahora no sé lo que es estar sin pensarte.
Es como si mi corazón,
de alguna forma,
buscara algo para nombrarte.
Es como si mis labios no supieran
decir otras letras que no formen tu nombre.
Creo que no es agradable.
Este amor me debilita, pero,
de alguna forma,
me hace sentir viva.
Pero también me hace flotar en el cielo,
como si no supiera que la caída
puede ser más rápida que la subida.
Y temo, temo por el futuro en el
que podrías romper mi corazón
en pequeñas piezas.
No sé cómo podré juntarlas,
o siquiera si tendré el valor de hacerlo.
Creo que este amor me está dejando
llevar de más y temo,
porque nunca supe cómo controlarme.
Temo dejar mi corazón hecho con
cristales frágiles en tus manos,
pero, al mismo tiempo,
confío ciegamente.
Confío en vos como si no supiera
que podés arruinarme.
Y cada vez que me llamás “amor”,
hacés que levite más y más
entre las nubes.
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