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Mi gato está internado

Microchip

Feb 9, 2026

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Mi gato está internado
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Simplemente llegué de madrugada, como cada madrugada después de ocho horas preguntando si prefieren el fernet con coca común o con coca zero. Llego y observo a dos de los tres, él no está. Entono su nombre capaz está dormido, pero se que eso es imposible porque él me huele a kilómetros. Yo para él lo soy todo.

Sin dar mucha importancia continúo con el ritual de llegar a casa, me saco las zapatillas y cuando me doy vuelta lo veo en la otra punta firme como gárgola, es un jump scare, un espectro. Lo nombro, no hay respuesta. Lo vuelvo a nombrar, no hay mirada ¿Estás enojado conmigo? le digo y nada. Me acerco diciéndole todas las cosas que alguien le puede decir a quien ama con locura, nada. Entonces la vida me sorprende

Él está raro, él no es él y no es nadie, es un ente, estoy frente a un fantasma y no me aterra verlo pero algo en toda esta situación es aterradora. Flotando se acomoda, soy cleopatra y él la esfinge. Lo tomo en mis brazos y siento que voy a romperlo, que se va a caer su nariz, siento como si estuviera hueco, su abrazo es raro y sigue sin prender el motor. No se si bañarlo en leche o dibujarlo como jeroglífico.

Un pensamiento fugaz me dice que ya no me ama pero eso es imposible porque ya les dije que yo para él lo soy todo, ronroneando me lo dijo, y otro fugaz pensamiento empuja este y a mi me da un cachetazo ¿¡Que te pasa!? Le digo

¡Vos no sos el centro del mundo! Me dice.

Lo envuelvo en un trapo, al trapo en mis brazos y huyo, no hay tiempo para las zapatillas.

Él va en mi pecho tranquilo porque es su cueva favorita. Subo a un auto y haciendo hazañas para ponerme el cinturón con alguien en brazos pienso en las madres y cómo el mundo las subestima.

Nunca me imaginé en un uber a las tres de la mañana con mi gato en brazos y pienso en cómo no lo pensé antes y pienso en que aunque no sea madre soy una pésima madre y pienso que aunque no sea mi culpa todo es por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, me latigueo con el cinturón y me quedan los hebillazos marcados en la espalda.

Bajo pisando charcos con caca de todos los culos de córdoba, pero no me importa porque yo soy la mismísima mierda, mucho gusto me saco el sombrero Está usted descalza me dice una secretaria violeta señalándome un camino de mis propias huellas de mierda en un lugar incandescente como farmacity, como heladería, todo es muy blanco y yo soy sólo una mancha con un bebé en brazos.

Ingreso a mi infierno, el infierno es: una sala de espera sin crucigramas, sin libros, música o wifi, donde la gente pasa pero tu número nunca llega. Acá no hay nadie, son las tres de la mañana, ni el diablo está.

Lo nombran, reaccionó yo, él sabe que no hay que hablar con desconocidos.

Veo la mesa con la bandeja de plata y pienso que al ponerlo ahí se va a sentir la reina batata temblando de miedo y el médico palpando con el dedo, que no, que sí, que sí, que no.

Pienso en cómo explicarle, pienso en que me gustaría que sepamos hablar el mismo idioma, pienso en que le voy a proponer que inventemos un nuevo idioma, uno mejor del que ya tenemos.

De mis brazos pasa a otros y una cinta caminadora en reversa se activa y me aleja, me voy estirando de poco para tocarlo una última vez, pero la cinta me baja por las escaleras y se frena en el infierno, hay que pagar, hurgo en mis bolsillos y abro mis puños sobre el mostrador, una moneda, una pelusa y una polilla que sale volando.

Emprendo una peregrinación y pienso en que voy a dormir sin él acostado en mi pecho, sin él insistiendo en que lo abrace, en que lo mime, en que le hable como boluda. Lo imagino sólo, pinchado, envuelto en cables y no en su trapo, en mis sábanas, en mis brazos. Cierro los ojos para ver si escucho su ronroneo. Cierro los ojos y aunque no crea en ningún dios a todos les rezo para que vuelva y perdure por siempre, que si quieren a alguien me lleven a mi, porque si se lo llevan a él me tendrán ahí por rebote.

Llego a casa de madrugada, pero no como cada madrugada. Observo a dos de los tres, ellos saben que algo no anda bien, los acaricio y les doy de comer.

Llego y me saco los pies y cuando me doy vuelta me desplomo.

Microchip

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