Te vi de nuevo y fue irreal, una ilusión nacida desde mis deseos más ridículos. Cruzaste la calle y apenas chusmeaste a la chica de labios pintados apunto de subir al auto. Tu cuello descubierto en una tardecita de humedad sigue vagando en mi mente. Esta vez conocí tu pelo y era una maraña de rulos del color de las hojas secas de otoño. Tus ojos negros fijos en tu camino eran como la oscuridad que se asoma cuando se pone el sol. Caminabas con pasos grandes llenos de seguridad mientras pasabas por atrás mío. Compartimos la misma vereda por unos pocos segundos y espero no volver a sentir esa experiencia. Se está haciendo costumbre preguntarme cuándo volveré a ver siquiera tu sombra.
Ese es mi gran temor.
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