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Mi espejo roto

Jeremy

Mar 1, 2026

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Mi espejo roto
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Sali de mi cuarto un día donde la lluvia era la dueña del cielo y donde ya se ocultas las sombras, que reinaban en las oscuras calles que se asemejan a espejos rotos, había una neblina tan densa como si nieve callera y se quedara estática en su descenso, no alcanzaba a ver nada, es ese momento escuche una vos a lo lejos y al voltear a mi costado se acercaba alguien, cuando estuvo lo suficientemente cerca, grande fue mi sorpresa al ver que era yo mismo el que ya se encontraba frente a mí, me vi como si fuese una espejo, el mismo pelo, la misma cara, el mismo cuerpo, pero había algo diferente, sus ojos, no eran iguales, el de ese ser eran rojos, como si sangre circulara en su iris, se encontraba atrás de la niebla, era como si lo abrasase, y cuando iba hablar volví a escuchar, esta vez eran pasos, mire al frente y nuevamente, era otro espejo, exactamente igual al primero solo que en vez de los ojos rojos, el de el eran negros, como si la oscuridad de esa noche se hubiera imprecando a ellos.

Dije en vos agrietada y temblorosa —¿Quiénes son? —clara fue la respuesta, entre una risa grabe dijo el de ojos rojos, —somos tú, ¿que acaso no nos ves?  —al mismo tiempo con vos tranquila y segura el de ojos negros dijo —me duele que no nos reconozcas —en ese momento volví a preguntar con enojo —¿Qué está pasando?  —el de ojos rojos volvió a reír y me aseguro de que no me harían nada, pero se escuchaba como un no poder más que un no querer, claramente no le creí, intenté irme y el de ojos negros me sostuvo el brazo y dijo —tranquilo, solo queremos hablar —un sentimiento muy agradable me recorrió desde dentro y sentí que él no metía, tal vez era su voz o tal vez recordé algo de hace muchos años.

Intente saber el por qué se parecían a mí, si eran totalmente diferente, el de ojos rojos se presentó —soy el que le muestras a los demás, ese que te hace sentir seguridad y te ayuda cuando tienes que hacerte el “fuerte” —seguido el de ojos negros hablo diciendo —Yo soy el que no le muestras a nadie, el que solo conocen sus personas más cercanas y que solo muestras cuando estas “feliz” —entonces comprendí que no eran yo, eran una parte de mí, pregunte —¿Y qué quieren? — ambos se vieron entre sí y al voltearme a ver la neblina opaco por completo mi vista y al disiparse por completo me encontraba frente a la puerta de una casa, tan hermosa que dudada que existiera, a su alrededor un boque tan denso que si me metiera es muy seguro que me perdería en él.

Entre a la casa y me lleve otra sorpresa al ver a otro yo sentado en la mesa, se paro y cuando se acercó vi sus ojos, al igual que los demás eran diferentes, su pupila era roja como el primero y su iris negro como el segundo, pregunte —¿Que era ese lugar? —y el me respondió con claridad y seguridad —Es tu hogar, el que te ha esperado desde los doce años, en el vivías cuando no te importaba las inseguridades —en ese momento llegaron recuerdos de cuando era niño, cuando jugaba y hablaba sin importar el pensar de los demás, cuando era feliz aun estando solo, no sabía por que seguía en pie, pensé que se había destruido cuando deje de venir, todo en mi ser se estremeció y no pude evitar soltar lágrimas de nostalgia, una nostalgia de cuando era yo de verdad y mi personalidad no se había dividido en tres seres, que ninguno me representa por completo.

Pasaron unos minutos cuando entendí por qué estaba ahí; era claro, después de todo, era la última vez que podría volver ahí. Cuando lo entendí, volteé y les dije a los seres: —Gracias por darme la oportunidad de volver aquí, por revivir, aunque sea un momento, todos mis recuerdos y por sentir el que era mi lugar feliz. —Ellos ascendieron la cabeza como si se despidieran y luego la neblina apareció. —Antes de irte, te mostraremos quién eres —dijeron los tres seres. A duras penas veía en la neblina, pero pude llegar a ver cómo se unían los tres en un solo ser; era un niño, alguien pequeño que se encontraba con una sonrisa de oreja a oreja y se despidió agitando el brazo. Creo que sabía que nunca más lo volvería a ver.

Aparecí enfrente de mi cuarto; al parecer solo fui al baño. —¿Qué fue todo lo que vi? —pensé. Nada era claro en ese momento; volví a mi cama y me acosté a dormir, solo para que al día siguiente bajara las escaleras y viera a mi familia y amigos. Sentí que ese era mi nuevo lugar seguro; entendí que un lugar feliz no era el que más apartado estuviese, sino en donde se encuentren las personas que más te importan.

 

Jeremy

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