Todos los días a la misma hora, una silueta se aparece afuera de la ventana de mi pieza.
Todos los días, sin excepción, parece que me mira sin ojos. No tiene rostro y sin embargo sé que es él. Quién espera a que me duerma para pasar y darme un beso en la frente.
Me vela desde los diecisiete, desde que inconscientemente lo quise.
Él no tiene nombre. Simplemente lo llamo «mi enamorado». El primero en dejarme flores con gorriones y gatos negros en el día antes de la tarde, con intención de compañía.
Tanto así que en plena mañana, en la mesa del comedor, con mi familia y cuando él ya no estaba... Me sentía vacía. Un mal presagio me recorrió la espalda todo el día.
Dieron las ocho en punto y él no se asomó ni un minuto.
Escuadriñé por la ventana, sin abrirla todavía. Con la esperanza de encontrarlo. Me había desesperado. Más inclusive que eso... Me había enamorado.
Tomando control en el asunto abrí la ventana de un tirón y el aire frío de inmediato me mojó todo el cuerpo. Estiré el cuello hacia un lado y hacia el otro y ahí, por fin y frente a mí se hizo ver. Me envolvió en su abrazo, me acarició las mejillas y me besó.
Antes de que mi cabeza degollada cayera desprendida por el patio.
Él cerró la ventana despacio, dejando el resto del cuerpo en el cuarto.
Con sigilo robó la cabeza con lo que quedaba de cuello goteando carmesí de entre la hiedra. Se acercó a sus labios... Y se los comió.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.
Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión