Amarte fue como intentar entrar en una fortaleza con miles de llaves,
donde se encontraba un Dios inseguro, temblando entre paredes que el mismo levantó.
Me ofreciste tus sombras,
y yo te entregué mi luz,
pero nunca permitiste que las atraviese,
temías que te despojara de lo que tanto te costó construir.
Te vi pelear contra tu propio reflejo,
te vi dudar de cada palabra que te ofrecí,
como si el amor tuviera que ser una batalla
y no el refugio que tan desesperadamente buscabas.
Me entregué sin reservas,
me di sin medidas,
pero tus miedos eran murallas cada vez más altas,
y tus dudas, las llaves que nunca quisiste compartir.
Si tan solo hubieras dejado que mi amor te tocara,
si tan solo hubieras permitido que la puerta de tu alma se abriera,
te habría mostrado que la vida no siempre tiene que ser dolor,
que no siempre es necesario luchar contra la marea,
que hay espacios donde el sufrimiento no es la única opción,
donde el alma puede descansar y el corazón puede sentirse cálido.
Pero te aferraste a tu dolor,
como la única verdad que conocías.
Te convertiste en tu propio Dios,
pero solo te adorabas a vos mismo,
temeroso de perderte en el amor que nunca permitiste
que te alcanzará.
Y ahora, me pregunto,
si te hubieras dejado abrazar por mi amor,
¿habrías encontrado paz?
¿O te habrías ahogado en la seguridad
que tanto decís anhelar?
Quizás no lo sabremos nunca,
pero te ofrezco mis heridas,
mi amor en carne viva,
y en mi dolor, siempre quedará la duda
de qué habría sido si te hubieras dejado ver
y no hubieras temido tanto a ser tocado por algo real.
Recomendados
Hacete socio de quaderno
Apoyá este proyecto independiente y accedé a beneficios exclusivos.
Empieza a escribir hoy en quaderno
Valoramos la calidad, la autenticidad y la diversidad de voces.


Comentarios
No hay comentarios todavía, sé el primero!
Debes iniciar sesión para comentar
Iniciar sesión