El miedo a querer de verdad
Recién vi un video que me dejó pensando. Una piba saltando, riendo y llorando de la emoción al reencontrarse con el novio. Un abrazo de esos que te desarman, sin filtro, donde se nota que hubo que bancarse la distancia y el tiempo. Una escena hermosa, de esas que te sacan una sonrisa.
Pero bajé a los comentarios y era un velorio. Para la mitad de la gente, esa piba no estaba enamorada: estaba "loca", haciendo un show para las redes, o mostrando una "terrible dependencia emocional".
Me puse a pensar qué nos pasa en la cabeza para que un gesto tan lindo nos genere rechazo. Y la verdad es que es muy simple: cuando estás jodido por dentro o te dañaron mucho, ver a otro amar sin miedo te da pánico. El cerebro, para defenderse y no sentirse menos, prefiere buscar un defecto. Es más fácil decir que el otro está "enfermo" o "loco" que admitir que a uno le da pánico mostrarse vulnerable. Como dice Rolón...
"Nos da tanto miedo quedar expuestos que preferimos armar un personaje frío antes que arriesgarnos a que nos lastimen."
Nos fuimos a un lugar rarísimo. Nos acostumbramos a la dopamina rápida del "corazón o cruz", del me gusta fácil, de la chamuyo barato detrás de una pantalla. Tratamos a las personas como si fueran celulares: no importa si tenés el modelo 14, 15 o el 17, apenas asoma uno nuevo, al anterior lo tiramos a la basura. Cuidamos el medio ambiente, reciclamos plástico, pero a los vínculos los tratamos como material descartable.
"Nos acostumbramos a las relaciones tóxicas, no sustentables, muchos menos, sostenibles."
Ahí es donde te dan ganas de salir a pintar una pared con aerosol, y poner:
"Amen más, boludeen menos. El 'no' ya lo tenés ganado; arriesgate a sentir".
Porque meter un poco de cariño de frente en esta selva de cemento se volvió un acto de rebeldía pura.
Nos llenamos la boca con palabritas en inglés —las red flags, el ghosting, el love bombing— para ponerle un título elegante a lo que en realidad es pura cobardía. Nos vendieron que demostrar cariño es "perder la dignidad", pero la verdad es que el único que pierde es el que vive escondido detrás de una pantalla, mostrando una sonrisa para la foto y llorando a solas cuando la cámara se apaga.
La vida no son números, algoritmos ni aplicaciones. Demostrar lo que sentís no te hace menos independiente ni te convierte en posesión de nadie; te hace humano.
De nuevo lo digo, amen más y boludeen menos. Si querés a alguien, andá y decíselo. El "no" ya lo tenés asegurado desde que te levantás. Dejemos de buscarle la quinta pata al gato y de criticar al que ama. Que para tener el corazón como una piedra ya hay demasiada gente, y lo que hace falta de verdad son más abrazos sin tanto drama.
Dedicado a quienes, aunque parezcan indestructibles, son frágiles por dentro.
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Facu R. Arroñades
Me considero una persona creativa que escribe o pinta libremente, sin importar el tema ni el género.
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