Recuerdo aquel rayo de sol,
ese día vestido de valor,
¿o fue solo ilusión con temor,
un reflejo de un pasado retador?
La luna vigila mis penas,
responde en silencio mis problemas,
enciende mi mente en llamas,
con fuego ardiente y un jamás eterno.
Penas de hielo que el fuego no derrite,
vela de cera que con el calor repite,
repite el eco de mi voz incandescente,
un llamado de mi alma doliente.
Quisiera sanar el presente,
cambiar lo que viene, lo venidero,
o quizá aceptar lo evidente,
este dolor que arde sincero.
Mi corazón duele… duele de creerte,
duele de mirar lo evidente,
de mostrar lo que no se siente
y que habita solo en mi mente.
-Daniel Cermeño
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