Hay un arma de doble filo
en mi garganta,
un ser oscuro en mi pecho,
que se desliza como sombra,
y en su movimiento enloquezco.
Es un huésped en mi alma,
que se ha apropiado de mí,
un lobo hambriento y voraz
que lame mis cicatrices
y deja heridas al pasar.
El vacío sabe cómo me llamo,
lleva mi nombre.
Se alimenta de mis pasos,
me abraza con su penumbra,
y en silencio, voy callando.
Callando lo que se lleva de mí,
callando el sentir que perdí.
Cada lágrima de mi mirar lo sacia,
cada suspiro lo amansa,
pero vuelve,
más sediento,
y mi estabilidad danza.
Soy la presa de su juego,
su objetivo fácil,
a quién muerde sin esfuerzo
y se lleva un alma gratis.
Soy yo,
su presa.
Y aunque su peso me quiebra,
aún mi alma respira,
aún suspira,
porque el dolor,
aunque se dibuje eterno,
me recuerda que estoy viva.

Blanca Bermúdez
Escribo para sacar del alma lo que no se puede decir en voz alta. Gracias por leerme. Quédate. Comenta.
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